CASCATENG
Magazine ·  N065  15-09-10
Museos, redes y futuros pasados
Sobre el uso de las redes sociales por parte de las instituciones artísticas

Después de un buen tiempo en que la palabra clave en las instituciones artísticas ha sido “educación” puede ser que pasemos a nuevas definiciones mediante la “comunicación”. Los cambios evidentes en el comportamiento en la red han obligado –o esto parece- a los museos a replantearse el qué, el cómo y el cuándo comunicar.

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Tradicionalmente, la institución dedicada al arte era un muro basado en su verdad. La institución emitía discurso y el usuario lo recibía desde su pequeñez. La capacidad de acción por parte del usuario era, digamos, limitada: Canales menores para la opinión y pocos contactos directos con los productores. Las distancias entre los espacios dedicados a la producción cultural en los museos e instituciones artísticas y aquellos destinados a su presentación siguen siendo importantes. En las salas está todo acabado y bien empaquetado, y en las oficinas están ya en los siguientes proyectos. Las entradas a “oficinas” y a “las salas” son distintas y habitualmente la máquina productora se esconde tanto como se puede. Seguramente no hay mala intención, simplemente las cosas son como son. O como eran.

Llegó la explosión de la red en su definición para la participación (y su evidente base comercial en la implantación de algunas de las redes sociales más importantes) después de un momento de 2.0 en el que la ideas sobre posibles mejoras democráticas dieron paso a la individualidad y la facilidad por el estudio del comportamiento de los usuarios/clientes. De las herramientas abiertas y en proceso pasamos a las plataformas que siguen en proceso pero en las que los usuarios no tienen capacidad para definir. Las formas van cambiando a una velocidad superior, pero el fondo es el mismo: “Ellos” deciden. Es en este momento en el que las instituciones artísticas se lanzan a la caza de los usuarios en la red. Una vez asumido que Facebook es lo que es (o sea, un canal más) parece que no queda otra opción que entrar y difundir propaganda sobre las actividades que se realizan. Por un lado, la institución tiene la opción de recibir un feedback bastante rápido, puede saber qué tipo de usuario activo es el que tiene en la red y hasta podrá tener algunas cifras de posibles éxitos de participantes en actividades físicas.

En un primer momento se genera cierta dislocación. Se trata de sistemas basados en en el comportamiento individual, en lo “personal”, en lo cotidiano y en el mantenimiento en presente de contactos que no tienen lugar en otros tipos de comunicación. El papel de lo institucional no queda claro, pero la propia plataforma ya se encargará de definir perfiles que sean propicios para las instituciones. Al fin y al cabo, las instituciones pueden ser, también, clientes. Se suaviza lo íntimo para que la difusión de contenidos propios de los museos y centros de arte –entre otros- puedan funcionar sin problema. Pero, y siempre hay un pero, nos encontramos con otro ritmo. Los contenidos tienen que aparecer de un modo y a un tiempo distinto, el mantenimiento de los usuarios pide otro tipo de atención y hasta es necesario estar atento ya que es posible que sea necesario dar respuesta a alguna pregunta. O sea, que alguien dentro de la institución tendrá que trabajar más. Los consultores de medios pueden ayudar a definir estrategias y modos de funcionamiento, pero tocará a los productores trabajar en la velocidad que piden las nuevas estructuras de comunicación, ya que los tiempos entre producción y difusión van a recortarse. Será el momento de definir quién sube los contenidos, cómo se suben y qué se sube. Y todo apunta que en la mayoría de instituciones este trabajo estará en manos de aquellos que ya se encargaban de la comunicación, con lo que la distancia entre productores y receptores sige a salvo.

Quedan unas cuantas preguntas en el aire. El uso de las redes sociales (y de contenido) como plataformas propias por parte de las instituciones conlleva cierta disgregación de sus sitios web. Ólvidate de unidad en el diseño o de planteamientos que impliquen alguna reflexión sobre el copyright. También se puede perder la opción de generar otros lugares donde la base no sea la comercial. Los museos, por su capacidad de gestión y producción, pueden en algunos casos (que la crisis afecta también a todos) dar opciones y mostrar posibilidades más allá de lo establecido. Sus sitios web pueden llegar a ser bases en las que definir nuevas formas y modos de actuación. La interrelación entre contenidos puede marcarse desde otras cordenadas y, seguramente lo más importante, existe la posibilidad de definir nuevos canales o de analizar críticamente los ya usados.

La red se va complicando y, de golpe, nada es universal. El diseño de una página web necesita de varias formas para que se adapte a las distintas plataformas. No es lo mismo Firefox que Explorer, pero es que aún es más distinto un ordenador que un Iphone. Las instituciones tienen la capacidad para investigar en estas diferencias, la posibilidad de analizar la situación y dar contenidos específicos (algo de momento más complicado para plataformas independientes más pequeñas, ya que el trabajo vuelve a ser para especialistas y, por lo tanto, más caro). Una de las preguntas clave está en ver si tal diversidad de presentaciones se plantea desde la comunicación de la institución o si sirve de base para un replanteamiento estructural: ¿Dejarán las exposiciones las salas? ¿Serán los teléfonos herramientas educativas? ¿Será la geolocalización algo para definir contenidos? ¿O vamos a tener los mismos contenidos en formatos distintos? ¿Y llegaremos a tiempo?


 
2010-09-16 03:28:47
T.L.

"Ólvidate (...) de planteamientos que impliquen alguna reflexión sobre el copyright."
¿En qué aspecto dificulta el uso de redes sociales esa clase de reflexiones? ¿No crees que las reflexiones, sobre derechos de autor o sobre cualquier otro tema, pueden ser completamente independientes del canal en que tienen lugar?


2010-10-05 01:02:17
MARTÍ MANEN

T.L., como sabrás, una de las características de funcionamiento de algunas plataformas es la modificación constante y unilateral de las condiciones. Intenta "negociar" individualmente las condiciones y ya me dirás qué tal. Fotolog, frente a las quejas y la subida de otras plataformas modificó precisamente el fragmento que incorporas. Evidentemente no de un modo retroactivo, así que los derechos (y los beneficios generados) del material ya publicado y vendido están en otra parte. Nadie dice que no se deban utilizar este tipo de plataformas para la difusión de información, simplemente que es importante tener consciencia de cuál es el funcionamiento y qué es a lo que obligan, con lo que desde un punto de vista institucional es aún más importante preguntarse sobre la situación y el uso. Y el "fervor" 2.0 inicial no tiene demasiada conexión con el comportamiento comercial que se puede observar ahora mismo, con lo que no sé si podríamos considerarlo como lo mismo.


2010-10-05 01:11:30
Teresa

A mi si me parece que queda algo de ese fervor, solo que en vez de especulación de futurólogos financieros ahora está integrado en la vida de quienes usamos redes sociales; la masa de gente es lo que hace que una compañía tenga la proyección que tienen facebook, twitter, flickr, etc. El caso de myspace es interesante porque su masa de usuarios ha variado a lo largo del tiempo y eso repercutió no solo en la compañía si no en cómo la compañía trata de generar buzz para mantener su estatus.

No se a qué te refieres con lo de la modificación de ese fragmento. Por lo que veo sigue estando en la primera línea de la sección de derechos en http://info.fotolog.com/terms

Para acotar el debate, tal vez sería interesante que la gente diera su opinión sobre casos reales y concretos de museos o instituciones artísticas y su uso (bueno o malo) de redes sociales. ¿Alguien?


2010-09-16 04:42:18
MARTÍ MANEN

Hola,
Pues no lo tengo tan claro, la verdad. Una cosa son las reflexiones y otra muy distinta los posicionamientos.

El material que se publique, por parte de una institución, en una red que tenga su propia normativa en relación al copyright estará directamente bajo lo que indique la red. O sea, si una institución quiere difundir cosas bajo una licencia de Creative Commons podrá hacerlo desde su sitio web, pero al saltar a la red social dejará de tener validez la CC y se podrá jugar comercialmente con el material. Por lo tanto, no es que la reflexión pueda o no pueda desarrollarse (que puede) sino que los planteamientos que se quieran definir no podrán ser aplicados.
También, un ejemplo a la inversa, si una institución quisiera mantener a rajatabla el uso de imágenes controlando su copyright perdería toda opción a hacerlo ya que cedería los derechos ipso factum.


2010-09-16 10:40:38
T.L.

Dentro y fuera de internet, la validez o vigencia de una licencia no depende del canal en que se distribuyan los contenidos, si no de los términos de la propia licencia. ¿Qué red social prohibe la distribución de contenidos bajo determinadas licencias (Creative Commons, sin ir más lejos)? No veo por qué una institución de arte o de cualquier tipo no puede difundir contenidos bajo una licencia determinada. Es más, hay numerosos museos en el mundo que lo hacen regularmente (y al hacerlo, no solo reflexionan, también se posicionan). No recuerdo haber visto a nadie "jugando comercialmente" con esos contenidos.


2010-09-17 06:07:43
MARTÍ MANEN

Perdona, pero ¿Qué pasa cuando aceptas las condiciones que marca el canal de distribución? ¿Qué pasa cuando en estas condiciones que debes firmar para participar del canal se indica claramente que se reserva el derecho de uso comercial de lo publicado por parte del canal? ¿Qué pasa cuando el canal de distribución indica también que puede vender a terceros la información de, por ejemplo, las imágenes? ¿Qué pasa cuando en campañas publicitarias distintas empresas utilizan imágenes propiciadas por tales canales? ¿Crees que quien ha colgado las imágenes va a recibir algo por el "juego económico" que se está desarrollando? ¿Crees que, para poner un ejemplo específico, Thames & Hudson y Fotolog pagaron algo a aquellos que colgaron sus fotos y que luego se publicaron en el libro de 344 páginas "Fotolog TM Book"? ¿No te parece peculiar que en el título de tal libro aparezcan las siglas TM de Trademark?


2010-09-17 18:13:18
T.L.

En la primera línea del párrafo pertinente en el acuerdo de Fotolog se explicita que "All content posted by a member is the property of the member that posted such content.", de lo que se deduce que Fotolog debió pedir permiso a sus usuarios para ese libro. Que les pagaran o no tiene poco que ver con los derechos de autor y más con el trato que estableciera la empresa con los usuarios elegidos. De todos modos, el ejemplo que pones no tiene nada que ver con los museos, entiendo.

No estoy tratando de defender ni las redes sociales porque si, ni el fervor 2.0. Creo que en la moderación está la clave de todo, y no veo nada malo en que las instituciones hagan un uso interesante de ciertas redes para difundir algunos de sus contenidos. Más allá de eso, cada uno tendrá una concepción distinta de interesante.



 

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