CASCATENG
"A desk is a dangerous place from which to watch the world" (John Le Carré)
IRINA MUTT

Irina Mutt hace cosas. A veces las piensa antes. Trabaja en Oficina36 como crítica, pero a menudo paga las facturas con los trabajos más cutres que podáis imaginar. Así que nada de glamour en esto del arte. Le contaron que cuando Annie Sprinkle en el 2002 vino a Barcelona y dijo eso de ’’si no te gusta el porno que ves, hazlo tú misma’’ revolucionó la escena queer y feminisita de la ciudad. Pues eso, que si no te gusta el arte que ves, hazlo tú misma.

26 enero 2015

Rolando y Gari son dos personajes de cómic de los 70; Rolando es una caricatura de la marica armarizada y con pluma, con finalidades humorísticas, Gari es marica orgulloso y empoderado por la -reciente- conquista de los derechos LGTB.

Contextualicemos un momento la producción de estos dos personajes: años setenta, un editor Italiano – Renzo Barbieri – y unos autores anónimos. Había pasado muy poco tiempo des de los disturbios de Stonewall; una serie de manifestaciones espontáneas y violentas en protesta contra una redada policial la madrugada del 28 de Junio de 1969. Frecuentemente se cita a estos disturbios como la primera ocasión en la historia de los EEUU en que la comunidad LTGB luchó de forma organizada contra un sistema que los perseguía y acosaba con el beneplácito del gobierno, y son generalmente reconocidos como el catalizador del movimiento LTGB en los Estados Unidos y en todo el mundo.

Así que tenemos, cómics sobre maricas, producidos en su mayoría por heterosexuales y para un público aparentemente heterosexual que a partir de estereotipos define –y desplaza- el deseo homosexual masculino. En el caso de Gari, la sublimación y barroquización de símbolos para representar el deseo llega a extremos delirantes. Se evita hablar explícitamente de pornografía gay mediante dibujos (pensad por ejemplo en los rayos y calaveras de algunos cómics para referirse a insultos) de salchichones, puttis enseñando el culo, jaulas y otras bizarradas.

Ser hetero en la época y comprar estos cómics debía ser algo así como lo de esos vibradores que se venden bajo la etiqueta de "masajeadores de hombros". Qué grande el poder de la negación y autoengaño. Son necesarias segundas lecturas desde otras posiciones para entender ciertos guiños o actualizar códigos. Como cuando descubres que las representaciones de San Sebastián en el barroco eran adquiridas para recrearse la vista con el pecado nefando.

Rolando e Gari son recuperados y reinterpretados por el artista Francesc Ruiz, en su formato original: el dibujo y el cómic, pero con los añadidos de esa segunda lectura que los vincula al queer, a otros autores y cómics abiertamente gay como Ralf König o Tom Finland y cruzándolos con contextos del arte contemporáneo. Este proyecto de Francesc Ruiz, que junto a Pepo Salazar y Cabello Carceller formará parte de los sujetos Dalinianos que representarán al pabellón de España en la bienal de Venecia de este año, no podía arrancar desde mejor sitio: el Palomar.

Este año (creo recordar que a finales de octubre) cerró uno de los bares más emblemáticos de la escena LGTB de Barcelona. La Bata de Boatiné, "el abrevadero queer" – tal como decían en alguna de su precaria publicidad- bajó persiana para siempre. Llevaba allí desde los 90, en la calle Robadors, una de las zona calentitas para toda la posterior reforma y deformación del Raval, ex barrio chino, actual barrio donde Ravalear (sic) y pasear, rodeada de policías, pancartas donde se lee ’’queremos un barrio digno’’, parques y plazas de cemento y bares cada vez más modernos. Echar de la zona a las trabajadoras sexuales y gente sospechosa pasaba por remodelar las calles y sus establecimientos.

La Bata aguantó lo que pudo, cual barco de Chanquete en medio de la gentrificación. Varias circunstancia llevan al cierre de un local, pero cabe señalar el golpe de gracia que dio la BRIMO, cuando el 28 de Junio del 2013 decidieron (no llegó a quedar claro quién dio la orden desde el despacho) hacer un reenactment de Stonewall. Celebramos así el día del orgullo LTGB en Barcelona con redada policial, puertas rotas, identificaciones, registros, golpes e intimidación. Una eficaz manera de recordarnos los motivos por los que seguir celebrando el día del orgullo.

La Bata era uno de esos bares para la comunidad LGTB que no frecuentaba el Gayxample (otro día si eso hablamos de la escasez de bares de lesbianas en esa zona) y suponía una alternativa al ocio de pasta, canónico de lo que se supone que es la comunidad LGTB. Valga decir, que a parte de ocio, por ahí se cruzaban colectivos que ponían en circulación la producción de otros imaginarios y discursos: Post Op, La Quimera Rosa, la Pornoterrorista... Es decir, a parte de suponer un espacio de los denominados "seguros" para la expresión y relaciones sociales de una comunidad LTGB precaria pero empoderada, era un punto de encuentro para la recreación de prácticas, deseos y alianzas políticas que a día de hoy, aun suponen una amenaza para la marca amable y moderna que la ciudad de Barcelona pretende mostrar.

Gentrificación y transparencia; una plaza de asfalto y despejada, con Filmoteca, hotel de lujo, el bar con terraza de la mencionada filmoteca y el bar que ahora está en frente de donde estuvo la Bata. Curiosamente todos estos edificios son jodidamente transparentes, de cristal; ves su interior desde fuera.

La Bata era un antro al que accedías llamando a un timbre para que te abrieran desde dentro una pesada puerta de cristal y hierro que separaba la calle Robadors del interior del bar, que era básicamente un túnel oscuro con una pequeña sala al fondo.

Los nuevos bares de ocio (hay que decir que son abiertamente gay friendly) responden a un modelo homologado de una colectivo mucho más flexible y heterodoxo de lo que la normalización pretende. Esta transparencia, amable y banal, no permite ningún tipo de segunda lectura o reapropiación; lo que ves desde fuera es lo que hay dentro.

Barcelona 2015, Rolando - esta vez con pluma consciente, empoderada y queer- abre un chat en Grindr y contacta con un tal Gari, que lo espera sentado en un banco de Rambla del Raval. Se encuentran y comentan lo mucho que ha cambiado el barrio; ya no hay ni rastro de esos callejones y portales por los que Jean Genet o más tarde, Ocaña y sus amigas patearon tantas noches. Rolando y Gari deciden hacer las maletas y encontrarse de nuevo en Venecia.

Bye bye Barcelona, la Ciutat Morta.


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