CASCATENG
"A desk is a dangerous place from which to watch the world" (John Le Carré)
HAIZEA BARCENILLA

A Haizea Barcenilla le parece que el arte no existe por sí mismo, sino dentro de varios sistemas sociales entrecruzados, enzarzado entre ideologías y formas de mirar, incluido en redes de intercambio, de venta y de compra, de producción y de exposición. Cuando escribe crítica le gusta ampliar lo más posible su objeto de estudio, comprenderse como parte de él, plantearse cuál es su posición. Le resulta imposible ver el arte sin todo lo demás, y todo lo demás sin el arte. Y a veces consigue entrelazar uniones entre todos los flancos.

21 febrero 2012

El ayuntamiento de Olot, con su supuesta decisión de cerrar el Espai ZER01 y la Sala 15 y de dar el adiós muy buenas a David Santaeularia, me obliga a hacer algo que no me gusta nada: en vez de calidad cultural, de lo que hablarán otros mucho mejor que yo por cercanía y experiencia, voy a hablar de dinero.

La justificación del cierre, como últimamente todas las relacionadas con desmembramiento del entramado cultural, se basa en el vil metal: algo así como 75.000 euros que el consistorio se ahorrará anualmente. Sabemos que todo está muy negro, que no hay liquidez, que los ayuntamientos están muy endeudados, que hay que apretarse el cinturón. De lo que estamos más que cansados es de que ese apretujón continuo se aplique a los parias del sistema capitalista: trabajadores, personas sin grandes patrimonios, y en este caso, artistas y comisarios emergentes y un director que lleva diez años convirtiendo la vida cultural de Olot y por extensión de Girona en su principal actividad personal y profesional.

Vamos con los números: 75.000 euros que incluyen el salario del director, unas diez exposiciones por año, otras tantas publicaciones, conferencias y cursos; por lo tanto, de esa suma se paga el salario anual de una persona, honorarios a diez artistas al menos (generalmente a más, porque se realizan también exposiciones colectivas), a conferenciantes, a profesores de cursos especializados, a ayudantes en el montaje, en el diseño, pagos a una imprenta, a una distribuidora, en algunos casos a profesionales del transporte de arte, a empresas de vinilo, a ferreterías (material de colgado de cuadros, pintura, herramienta…), papelerías (material de oficina, publicaciones), hostelería (alojamiento de artistas durante la instalación, alguna comida, inauguraciones). O sea, buena parte del dinero se reinvierte directamente en el tejido comercial de Olot. Todo esto, a botepronto y probablemente olvidando muchos elementos. Además, se producen obras de arte que revierten en ese mismo mercado que ARCO celebra anualmente, convirtiéndose en objetos de especulación y, por lo tanto, en productores de ganancia por sí mismos.

Y para asegurar su viabilidad, por utilizar los términos apropiados, Espai Zero1 consiguió fondos para organizar y gestionar becas (subvencionadas en parte por la Generalitat) de comisariado y producción artística que aseguran la creación de nuevas piezas y la remuneración del trabajo de jóvenes profesionales. Si hubiera más gestores artísticos en las secciones de administración de las instituciones, probablemente viviríamos en un mundo con recursos mucho mejor gestionados y aprovechados.

Estos 75.000 euros representaron para el ayuntamiento de Olot un 0,27% de su presupuesto en el 2011, que asciende a 27.858.860,62. Es decir, ni el puñado de dólares por el que se asesinaba en el lejano oeste, en tiempos sin ley. Olot tiene 33.725 habitantes, con lo que mantener abiertas y con programación ambas salas (incluidas presentaciones, ciclos, conferencias y cursos) cuesta a cada olotí algo más de dos euros al año. Hay que felicitar al ayuntamiento de Olot por su gran visión de ahorro y gestión.

Así que vayamos al grano: detrás de la patada en el culo que se está dando a la cultura por todas partes no se esconden los problemas económicos, que como las meigas haberlos haylos, sino una vuelta al orden, a unos valores conservadores, ultracapitalistas y excluyentes que intentan transmitir de forma cada vez más sutil y mejor llevada un gran número de órganos de poder. En primer lugar, enardeciendo a la población contra artistas, intelectuales y demás maleantes que en vez de trabajar se dedican a robarnos nuestro dinero, a hacer el vago y a recibir ayudas (en este grupo entran también los parados y los viejos, ¡que paguen por sus medicinas!). En segundo lugar, enseñando que los verdaderos artistas son, han sido y serán los que se dedican a crear formas bonitas que decoren los atrios de las grandes empresas y los pazos del dueño de Inditex. Y en tercero, que la cultura siempre ha sido, y debe ser, patrimonio de los que tienen dinero, que son los que pueden permitírselo y, además, los que realmente tienen valores que transmitir. Valores de trabajo, de apretarse el cinturón, la saya y el corsé, de decir amén Jesús y de alabar a los pobres artistas incomprendidos en vida y sobreestimados en la muerte mientras se sorbe un manhattan. Que el arte ni es de todos ni es para todos, que no viene a cuento reflexionar sobre nada, que no estamos para tonterías de revisiones ideológicas.

En fin, que Espai Zero1, y como él muchos centros que sufren o van preparando el candado, se pretende cerrar por lo mismo que se acabó con los indios: porque les valía con un tipi y un bisonte para quince en una sociedad de buscadores de oro, y porque no les daba la gana de asentarse en un lugar fijo, ateniéndose a las nuevas reglas, y construirse un saloon. Porque tenían la cara de querer seguir usando las praderas que habían sido de todos y ni tan siquiera se proponían privatizarlas. Y como por aquel entonces, a lo que nos enfrentamos no es sólo a una crisis económica, sino a una de valores. Tal vez toca decir que moriremos con las botas puestas, pero preferiría, ya que aún algo hay en nuestra mano, que reaccionemos antes de acabar en una reserva.

  • Andrea Pacheco
    21 de febrero de 2012 06:03

    "No es economía, es ideología"
    Hace unos meses, Jorge Fabra y J. Ignacio Bartolomé, dos reputados economistas alertaban sobre este asunto en una columna de opinión publicada en El País. http://elpais.com/diario/2011/09/17...
    "La crisis es su coartada, no su argumento".

  • ?
    23 de febrero de 2012 02:20

    Olé!! Claro y contundente. Después de la noticía del cierre del Espai Zer01 de Olot, y tras ver las cargas policiales de estudiantes en Valencia, cada vez tengo más claro que quieren que no pensemos por nosotros mismos y acabar con todo aquello que sea crítico y promueva nuevas ideas y pensamiento libre. Volvemos a tiempos antiguos donde los grises cargaban contra los manifestantes, donde el arte y la cultura eran restringidos y castigados, exiliados a otros países... Hay un tufo espeso, de naftalina... pero los períodos de crisis es donde se agudiza el ingenio y se crean las mejores obras... así que creatividad al poder!!

  • joaquín
    23 de febrero de 2012 11:09

    creo que más claro no se puede decir,
    lo que esta ocurriendo ultimamente, el canódromo y ahora el espaizero, son signos de que muchas cosas van a cambiar.. a ver a donde nos lleva todo esto.
    deberíamos hacer el ejercicio y demostrar, o por lo menos intentar enseñar que cultura y dinero pueden ir de la mano, no solo generamos gastos

  • Juan Canela
    24 de febrero de 2012 12:00

    excelente, clara y concisa reflexión Haizea.

    tienes toda la razón y das en el clavo: la crisis económica está sirviendo de pretexto para finiquitar gran cantidad de propuestas culturales o artísticas en el territorio. Y detrás de esto está, sobre todo, cual es la atención que le prestan nuestros políticos (ayuntamientos, gobiernos provinciales, autonómicos o estatales), a la cultura en general, y al arte contemporáneo en particular. Y al lugar que le dan en nuestra sociedad, léase, ninguno. En los últimos años propuestas como la de Olot han podido resistir porque no molestaban mucho y podían ser parte de la fiesta. Pero en cuanto la fiesta se acaba, el anfitrión se quita la máscara. Si no da rendimiento económico y no tiene miles de visitantes, ¿para que lo queremos? ¿Algún político se plantea que el arte contemporáneo pueda ser un espacio de pensamiento y reflexión sobre la sociedad pasada, presente y futura, un lugar para el debate crítico, y que realmente deba tener un papel destacado en las estructuras ciudadanas? la respuesta es no, desde luego.

    En este país los centros de arte y museos surgieron con la bonanza económica porque los políticos de turno los utilizaban para afianzar y promocionar el territorio correspondiente. En cada provincia tenía que haber un centro de arte. O un aeropuerto. Ahora bien, no se preocuparon de si el tejido cultural y artístico estaba preparado, o si era necesario un museo cada 150 kms. De la misma forma que no se preocuparon de pensar si los aviones iban a llegar a su aeropuerto. Y de la misma manera que los abrieron, los van a cerrar. Porque en realidad en interés no es genuino, no es el contenido lo que les importa, sino la fachada y los edificios.

    Pero propuestas como las de Olot, pequeños espacios para el arte contemporáneo que han funcionado desde la base y han ayudado a dinamizar un territorio, propuestas llevadas adelante por el ímpetu y las ganas de personas que creen en el arte y en su espacio social, propuestas que, como bien indicas, cuestan una miseria si lo comparamos con el sueldo del alcalde de Olot… se cierran por ideología, se cierran por creencia, y se cierran porque no las quieren.

    Son tiempos de cambio. Como bien indicas, la crisis no es solo económica, sino también de valores. Y nos toca a nosotros reaccionar. Pensar otras maneras de hacer, otras estructuras de funcionamiento, otras formas de relacionarnos entre nosotros, con la institución, con lo privado, con el público. Están pegándole fuego a las praderas y ya no van a volver a ser como eran. Inventemos otras.


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