CASCATENG
"A desk is a dangerous place from which to watch the world" (John Le Carré)
JUANJO SANTOS
www.juanjosantos.com

Con la misión de seguir mejorando en la escritura de la crítica de arte, lo demás es disfrutar y aprender a través de las propuestas contemporáneas, elaborando otras estrategias de relación, ya sea como colaborador de revistas, editor de una, curador o conferenciante. Como crítico de arte mochilero ha compartido momentos con artistas de Centroamérica, México o Chile. Y la lista aumentará. Combatiendo el arte interesado, aplaudiendo el arte interesante.

05 septiembre 2013

Matías Rojas tenía 17 años cuando estaba en el principal aeropuerto de Chile, dispuesto a dar una cálida bienvenida a un viejo amigo del país, que venía a pasar unas vacaciones: Mr. David Rockefeller, nieto del “Mefistófeles de Cleveland”, John D. Rockefeller. Como podrán ver en las imágenes, Matías ya estaba lo suficientemente excitado cuando descubrió quién estaba al volante del coche que recogió a Mr. Rockefeller: el señor Agustín Edwards.

Matías estaba fuera de sí. ¿Pero por qué este adolescente actuó de esa manera? ¿Quiénes son estos dos entrañables ancianos ?

No voy a detenerme en el recuento de las aventuras del clan Rockefeller, sugiriendo que son Illimunati; los conductores del Mundo o los Jinetes del Apocalipsis, a pesar de que podrían ser las tres cosas. Me centraré en sus más que estrechas relaciones con Chile, y más concretamente, con el diario El Mercurio, el más poderoso (por mucho) del país. Y, sorpresa, propiedad de Agustín Edwards, chofer de Mr. Rockefeller.

Resumiendo mucho, El Mercurio estaba a punto de quebrar en 1970. Ese año, el socialista Salvador Allende fue elegido Presidente. Agustín Edwards viajó a Washington y gracias a las maniobras de los Rockefeller, conoció a Henri Kissinger. Edwards volvió a Chile con una sonrisa, 2.000.000 dólares (aprobados por Nixon) y un plan para desestabilizar, a través de mentiras y manipulaciones, el gobierno de Allende. Estas manipulaciones se multiplicaron antes del golpe de Estado y durante la posterior época dictatorial de Pinochet. Todo esto se explica en un documental, “El diario de Agustín”.

Lanzado en 2008, sus derechos de exhibición fueron adquiridos por la Televisión Nacional de Chile, -y expiraron en el 2013-, aunque el documental nunca salió al aire. Los derechos fueron luego comprados por otro canal, ARTV. Aún no ha sido emitido.

Estos hechos dejan la parrilla vacía pero llena de preguntas. ¿Por qué Rockefeller está tan interesado en minerales como el oro o el mercurio? ¿Por qué la censura sigue existiendo en un país democrático? ¿Por qué parece ser que nadie quiere cuestionar el poder de estas dos familias, aparte de un chico de 17 años con un subidón de cafeína? ¿Por qué la libertad de prensa, los derechos humanos, o la igualdad económica están de vacaciones en Chile?

La historia podría continuar con la búsqueda de las relaciones entre Malú Edwards y el MOMA, Agustín Edwards Mac-Clure y la Liga de las Naciones, los Chicago Boys, las condecoraciones dadas por Rockefeller a los presidentes chilenos democráticos o la extensa compra de tierras en el sur de Chile, pero vamos a hablar de arte (por fin).

Marco Arias, un estudiante de artes, tomó el video de “youtube” del aeropuerto, y lo inmortalizó en óleo sobre lienzo. El resultado es una parodia de los retratos presidenciales. Es el retrato oficial posmoderno de dos entrañables ancianos en sus vacaciones. Tal vez en busca de un descanso permanente. Me pregunto si será en “Heavens Resort” o en “Hell´s Motel”. Tal vez deberíamos preguntar a Mefistófeles.

A) David Rockefeller por Marco Arias b) Agustin Edwards por Marco Arias


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