CASCATENG
EDUARDO PÉREZ SOLER

Eduardo Pérez Soler piensa que el arte –como Buda– ha muerto, aunque su sombra aún se proyecta sobre la cueva. Sin embargo, este hecho lamentable no le impide seguir reflexionando, debatiendo y escribiendo sobre las más distintas formas de creación.

03 noviembre 2012

trampa Antes que nada, quisiera aclarar una cosa: el micromecenazgo (o crowdfunding) me parece una buena idea. La posibilidad de utilizar las redes digitales para financiar proyectos mediante la suma de las pequeñas aportaciones de una infinidad de personas puede ser de gran utilidad para múltiples iniciativas culturales. Puede ser una buena manera de conseguir dinero para proyectos que, pese a su interés, no consiguen financiarse mediante los cauces tradicionales. Potencialmente, el crowdfunding puede otorgar un mayor margen de libertad a los creadores, en la medida en que les otorga una mayor independencia frente a instituciones y empresas. Por este motivo, creo que iniciativas como Goteo son encomiables.

Sin embargo, no puedo dejar de sentir cierta incomodidad ante el entusiasmo que el crowdfunding despierta entre los sectores más tecnocentristas del mundo cultural. Me inquieta escuchar cada vez más voces que encuentran en las distintas formas de micromecenazgo una solución al desmantelamiento del tejido cultural como consecuencia de las políticas emprendidas por distintas administraciones públicas en nuestro país recientemente. Parece como si la financiación multitudinaria representase una verdadera alternativa a la situación de abandono por parte de los poderes públicos que sufre la cultura en estos momentos.

En realidad, el entusiasmo –a veces ingenuo– que despierta el crowdfunding no difiere demasiado de la atracción que ejerce el mecenazgo o el patrocinio privado en ciertos sectores del mundo de la cultura. En ambos casos, nos encontramos con una voluntad más o menos consciente de fortalecer la privatización de la cultura. Se trata de aumentar la participación del capital privado en la creación, en unos momentos en los que las políticas públicas de promoción cultural están en franco retroceso. Después de todo, no deja de resultar llamativo que la incentivación de mecanismos de financiación privada para los proyectos creativos –ya sea mediante el patrocinio de empresas y grandes fortunas o de las aportaciones de las multitudes conectadas en red– corra de forma paralela a la destrucción de las redes públicas de producción y difusión de la cultura.

La defensa de las distintas formas de mecenazgo ha tenido su caldo de cultivo en los discursos que cargan contra la intervención del poder público en los distintos ámbitos de la sociedad. Si se reclama una privatización de la cultura, implícitamente se está reconociendo que el Estado es incapaz de velar por la promoción y la difusión de los proyectos creativos.

Es innegable que, no pocas veces, las relaciones entre los creadores y la administración han estado marcadas por el corporativismo. Tampoco se puede negar que el Estado a menudo ha procurado instrumentalizar la cultura. Sin embargo, dejar la financiación de la cultura en manos privadas entraña no menos peligros. El más evidente de ellos es la pérdida de la diversidad creativa. Los patrocinadores privados tienden a financiar los proyectos que les pueden ofrecer una mayor rentabilidad, ya sea económica o en términos de imagen. Está claro que los proyectos más críticos o más minoritarios –los cuales, en ocasiones, son también los más arriesgados– tendrían cada vez más dificultades para financiarse en un sistema en el que el dinero público brillara por su ausencia. Con todos sus defectos, las instituciones públicas de nuestro país lograron que, en los últimos años, imperara una cierta pluralidad de propuestas y de enfoques en el sistema creativo local. Y me parece muy dudoso que dicha diversidad se pudiese preservar en una realidad completamente dominada por la financiación privada.

Aquí es posible argüir que el crowdfunding podría servir de contrapeso al poder de los grandes patrocinadores corporativos: la financiación de la multitud puede ayudar a que los proyectos olvidados por las grandes empresas logren salir adelante. Y, hay algo de verdad en esta afirmación: la red ahora hace posible que un público diseminado por distintas partes del mundo muestre interés por iniciativas modestas y se anime a promocionarlas.

Sin embargo, eso no impide que trabajos dignos de interés, pero incapaces de atraer la atención de la multitud, pasen desapercibidos. A veces una buena labor de mercadotecnia dentro de las redes sociales puede ser más útil que la calidad intrínseca para garantizar el éxito de un proyecto. Que una propuesta llame la atención en el universo digital no es una garantía de que sea de verdad interesante. La necesidad de atraer la atención en Internet puede provocar que los creadores terminen optando por elaborar unas obras espectaculares pero superficiales. La viralidad que hace posible el éxito mayoría de los proyectos financiados mediante el crowdfunding puede resultar una barrera para otros no menos buenos.

El crowdfunding puede ser una buena alternativa para financiar proyectos creativos, pero no puede otorgársele un lugar central en la economía de la creación. Tienen razón quienes ven en el micromecenazgo masivo una herramienta útil para sacar adelante muchas de las propuestas que se encuentran en la “larga cola” de la creación. Sin embargo, depositar unas expectativas desmesuradas alrededor suyo puede contribuir a erosionar la diversidad que pretende promover.

  • Ramon Sangüesa
    3 de noviembre de 2012 04:00

    Todo tiene sus dificultades, en efecto. Aparte de algunas de las cosas que mencionas, como el peligro de que propuestas de interés que no son "populares" y no reciben "crowdfunding", la propia mecánica de este tipo de plataformas puede inducir efectos perversos.

    El hecho de que el éxito de la respuesta al crowdfunding dependa en buena parte de los esfuerzos de promoción que se hagan a través de los medios sociales pueden inducir un efecto de desgaste por repetición. Esto es, cargamos sobre nuestras propias redes de contactos la petición de crowdfunding, cosa que puede agotar los recursos de nuestros "cliques" de red más próximos.

    Una parte importante del mecanismo de creación de redes es la conexión por similaridad: buena parte de nuestra red está compuesta por personas similares a nosotros. Esto quiere decir que en las redes de artistas, predominan los artistas. En términos de crowdfunding sucede que, una vez y otra, un grupo de artistas recibe (e inicialmente contribuye con fondos) a peticiones de otros artistas. Si cruzamos esta tendencia con el hecho de que este, el de los artistas, es un colectivo precarizado, pues tenemos la irónica conclusión de que pedimos esfuerzos a quien anda financieramente poco boyante. Y se lo pedimos repetidas veces.

    Hay que ver cómo juegan en estos mecanismos de red las distintas proporciones de personas dentro del arte con distintos recursos financieros, distintas predisposiciones a colaborar y diferentes posibilidades de mantener las colaboraciones a lo largo del tiempo en respuesta a las repetidas solicitudes que les van llegando.

    En todo caso, esta problemática, (del propio mecanismo de "crowdfunding" y de la propia dinámica de las redes en general) es algo de lo que empieza a hablarse. Hay que tenerlo en cuenta para darle continuidad a lo positivo del "crowdfunding" en arte.

    Aquí una muestra de esta realidad y las preocupaciones que suscita: http://hyperallergic.com/59260/the-... de donde extraigo esto:

    "“No matter who you are, whether institution or artist, your most captivated audience are your friends and followers already,” [...] “only 5% of your campaign will come from sources you didn’t know about.”"

    Y aquí una acción irónica de un artista al respecto, dentro de una bien conocida plataforma de "crowdfunding".

    http://www.kickbackstarter.com/proj...

    Es lo que tienen las dinámicas de redes, que son complejas y generan dinámicas nada lineales.

    Un abrazo y felicidades por el post.

  • Olmo González
    3 de noviembre de 2012 05:04

    Estoy de acuerdo salvo por este párrafo:
    "Las instituciones públicas de nuestro país lograron que, en los últimos años, imperara una cierta pluralidad de propuestas y de enfoques en el sistema creativo local. Y me parece muy dudoso que dicha diversidad se pudiese preservar en una realidad completamente dominada por la financiación privada."
    Esto se viene abajo si le echas un vistazo al libro sobre la CT o Cultura de la Transición.

    Por otra parte, una solución intermedia podría ser la creación por parte del Gobierno de alguna plataforma de crowdfunding sin ánimo de lucro DE VERDAD, es decir, sin un porcentaje para la plataforma y sin impuestos para cada primer proyecto.
    Con esto ayudarían si poner un duro.
    Podrían compatibilizarlo con ayudas o becas de creación para proyectos más arriesgados y menos comerciales, votados por la gente o por un grupo de expertos y expertas en cada disciplina. Aunque ahí también meterían mano al nivel de la CT.
    Sobre la visibilidad, una iniciativa impulsada por el Gobierno debería tener más repercusión mediática que una privada, por lo que sus proyectos también la tendrían, aunque aquí entramos de nuevo en terrenos pantanosos de la CT, qué pasaría con los trabajos críticos con el propio sistema de gobierno y de medios de comunicación...

  • Eduardo Pérez Soler
    3 de noviembre de 2012 06:03

    Ramon: creo que tus comentarios complementan a la perfección mi post. Estoy completamente de acuerdo con lo que afirmas. Como tú bien dices, la utilización recurrente del crowdfunding como fuente de financiación, puede acabar erosionándolo (sobre todo en un medio tan endogámico como es el nuestro). Desde luego, me parece muy difícil que el micromecenazgo nos ayudé a escapar de la precariedad en la que se haya sometido el mundo de la cultura, en general, y el del arte, en particular.

    Olmo: La verdad es que me costó mucho escribir el párrafo que citas. No quería ofrecer una sensación de complacencia respecto a las políticas culturales públicas desde la llamada "transición". Y, es curioso, mientras escribía, no podía dejar de pensar en el libro de CT o en algún texto de J.L. Marzo. Desde luego, la situación en que hemos vivido no es para echar cohetes, pero creo que todavía puede ser mucho peor.

    Abrazos.

  • Ricardo_AMASTE
    8 de noviembre de 2012 06:50

    Aupa!
    Saludos desde Goteo intentando aportar y matizar a partir de este interesante post (eskerrik asko Eduardo -y compañía-).

    En primer lugar, está claro que no se debe acudir al crowdfunding como si de un nuevo paraíso financiero prometido o un mana de economía distribuida se tratase. Los dogmas, creencias y fórmulas mágicas no son buenas consejeras, cuando de lo que es necesario es reformular el sistema, cambiar de modelo, investigar en otras posibilidades de relación, producción, distribución, consumo... Si queremos que el crowdfunding no se quede en una simple forma alternativa de conseguir dinero (si el dinero es el reto principal probablemente estemos enfocando mal la cuestión), debemos entender que se trata de explorar sobre las condiciones y posibilidades de un nuevo ’contrato social’.

    Desde Goteo hacemos una apuesta clara por los modelos P2P aplicados a iniciativas relacionadas con lo común, libre y abierto. Además, trabajamos para que el crowdfunding no sea la excusa para la aceleración de la desinversión pública, sino al contrario, creemos que debe tratarse de un complemento, que no reste, sino que sume para multiplicar, buscando relaciones co-responsables e interdependientes entre la sociedad civil, la administración pública y el entorno privado, para el desarrollo de lo común. Por ejemplo, un intento de esto es lo que tratamos de poner en marcha gracias a lo que llamamos ’Capital Riego’ http://goteo.org/service/resources o a través de propuestas situadas como convocatorias específicas o la articulación de una red de nodos locales como GoteoEuskadi http://euskadi.goteo.org/ (desde donde yo escribo estas líneas, como uno de los coordinadores del nodo a través de ColaBoraBora, además de como patrono de la Fundación Fuentes Abiertas). Pero desde luego, que lo que surge como una oportunidad se transforme en una perversa coartada, es un riesgo que corremos, por eso es fundamental la responsabilidad (política) con la que cada agente ejerce su rol en este momento en el que todas las bases se tambalean, parece que no hay cimientos y en todo caso, conviene poner unos nuevos.

    Otros temas interesantes creo que relacionados son la tipología de proyectos y la saturación de las redes. Una plataforma de crowdfunding es principalmente (al menos a día de hoy) una plataforma de visibilidad a través de la que desplegar una estrategia-campaña de marketing para captar financiación y/o otro tipo de recursos. Al mismo tiempo, las campañas de crowdfunding sirven para contrastar y suscitar el interés entre los posibles públicos objetivos, obtener impacto de comunicación, o abrir un canal de preventa, que gracias a internet saca partido a esas teorías de los micronichos y largas colas. Además, en el caso de redes sociales como Goteo, se fomenta no sólo el crowdfunding, sino también el crowdsourcing, la colaboración distribuida como base de (inter)relación.

    En general, desde lo cultural y lo social, tenemos una inercia relacionada con subvenciones y donaciones que nos sitúan en un marco entre asistencialista y moralista totalmente dependiente o con la autogestión independiente que nos sitúa en una supuesta (no se si real y/o deseada) alternatividad respecto al sistema oficial-imperante. Quizá una clave sea seguir reclamando el gato público pensando en claves de inversión y retornos (desde luego más allá y no solo económicos -socail, simbólico, relacional...-). Si nos referimos a ’trabajos dignos de interés’ habrá que ser capaces de explicitar un poco más por qué y para quien eso es interesante, porque quizá de esa forma si consigamos movilizar y comprometer esos intereses más allá (o además) de los canales y fórmulas habituales.

    Debemos ser conscientes de si nuestro proyecto se dirige a públicos masivos o a nichos muy especializados, si es un proyecto local o global, si se trata de investigación pura o de desarrollo de un producto, proceso o servicio, si nos vamos a mover en un entrono militante o en las lógicas del mercado. De esa forma podremos identificar las comunidades, grupos, públicos objetivos a los que interesa, afecta, compromete nuestro proyecto y podremos pensar en la forma de implicarles. No nos dirigimos a la red en general o (sólo) a nuestra red de proximidad (familia, amistades, fans), sino que tenemos que superar la red afectiva-cautiva. Esta claro que eso nos sitúa en una situación muy diferente a rellenar una subvención para la administarción o al juego de pasillos institucional. Si no se quiere-puede afrontar ese cambio el crowdfunding no será más que un espejismo, una herramienta inhabil. Y si, siempre habrá proyectos que pasen injustamente desaprecibidos o que sean víctimas de sus incapacidades comunicativas o comerciales detrás de las que puede haber una buena idea. Sí, pero siendo así, también lo es que internet facilita la posibilidad de federar relaciones más allá de nuestro entorno más cercano, de buscar colaboraciones para cubrir ciertas carencias trabajando en colectivo. Prueba y error, aprender haciendo. Siempre ha sido así.

    Sobre si la red está saturada, si hay un problema de autocanibalización, si se potencia la endogamia de la que nunca hemos salido, creo que el crowdfunding hace patente el síntoma y lo hace de manera cruda y urgente, pero no es ni la causa ni la enfermedad. El arte es un ejemplo perfecto para esto. Se sigue trabajando desde una economía del aura y la escasez. De círculos cerrados de autolegitimación y reconocimiento, con un mercado que está a medio camino entre la feria medieval y mecenazgo comercial-político-religioso renacentista. Además, en ese juego sobre el equilibrio de papeles entre lo público y lo privado, el arte es un claro ejemplo de patrimonialización privada de lo público, de lo que debería ser un procomún. Con dinero público se desarrollan programas de becas y producción (lo que podríamos entender como procesos de I+D), que luego son comercializados y/o patrimonializados por agentes privados (exactamente lo que por ejemplo criticamos entre la transferencia de conocimiento científico generado en universidades públicas por ejemplo a farmaceúticas y que en nuestra propia práctica artística asumimos de modo en general acrítico o como si fuese un problema al margen. Pero bueno, no quiero perderme abriendo esta vía.

    La cuestión es que si continuamente acudes al mismo caladero de peces, si no respetas el barbecho, si no somos capaces de sofisticar la oferta y la demanda, si nuestra principal estrategia de venta es el ’bono ayuda’ o la caja de polvorones para financiarte el viaje de estudios, pues probablemente puede pasar que en nuestros proyectos de crowdfunding sólo haya un 5% de gente que no conocías y que te tu red te ’compre polvorones’ una o como mucho dos veces. De todas formas, Ramón, nuestra experiencia nos dice que ese dato del 5% no es para nada correcto (quizá a quien le suceda si tenga que hacérselo mirar). Nosotras en Goteo manejamos un indicador informal que es que el primer 20% en general viene de quienes ya te conocen, tienen relación contigo, han mostrado interés por proyectos anteriores y que es a partir de esa masa crítica, desde la cual empieza a llegar gente nueva, el proyecto se viraliza y comienza a generar sus propias derivas y líneas de sentido en la red.

    Y ya termino, aludiendo a otros de los grandes mitos que a ver si desmontamos de una vez. Me refiero a lo que Olmo comenta sobre ’crowdfunding sin ánimo de lucro DE VERDAD, es decir, sin un porcentaje para la plataforma’ y ’con esto ayudarían sin poner un duro’. No me quiero extender, pero así en breve:
    - Cobrar un % no tiene nada que ver con tener o no ánimo de lucro, sino con establecer modelos económicos que hagan sostenible el trabajo (no hay nada gratis, siempre alguien está pagando, por tanto, hay que pensar sobre estos modelos -no digo que necesariamente el del % sea el mejor de los posibles, pero no mezclemos las cosas que se enturbia el problema-). Dejo dos links en relación a esto: “El ‘precio justo’ del crowdfunding” http://www.colaborabora.org/2012/06...
    y “La pesada co-responsabilidad de lo libre VS La seductora irresponsabilidad de lo gratis” http://www.colaborabora.org/2012/02...
    - Y si la administración pública hiciese una plataforma, eso no significaría que no tuviesen que poner un duro, los servicios públicos tienen un coste. No estoy a favor de la privatización de lo público, pero si de la experimentación de modelos mixtos. De eso por ejemplo va la investigación ’Empresas del procomún’ sobre organizaciones que gestionan recursos de la comunidad sin privatizarlos, sino potenciando el desarrollo de lo común. Más info aquí: http://empresasdelprocomun.net

    Pues nada, espero que el comentario no resulte demasiado txapa.
    Salud(os) y seguimos.

  • Eduardo Pérez Soler
    11 de noviembre de 2012 02:48

    Ricardo:

    Creo que, en lo esencial, estamos de acuerdo. De lo que se trata es de articular los recursos públicos y privados provenientes de entornos institucionalizados con los generados por las redes que gestionan el procomún. Desde luego, no podemos pensar que el crowdfunding y el crowdsourcing serán en sí mismos la panacea, como tampoco podemos esperar que las administraciones públicas resuelvan todos nuestros problemas. Pero si podemos diseñar estrategias para lograr que los proyectos culturales se beneficien tanto de los esfuerzos de las comunidades autogestionadas como de los recursos de las instituciones públicas. Al fin y al cabo, las redes de trabajo colaborativo y la cultura burocrática están más interrelacionadas de lo que solemos reconocer.

    ¿Qué hay que hacer? Por un lado, creo importante buscar mecanismos para garantizar la sostenibilidad de los proyectos generados e impulsados por la multitud. En el caso concreto del crowdfunding, ya he comentado que a mí me parece que Goteo realiza una labor muy encomiable ayudando a lanzar proyectos. Sin embargo, es necesario definir estrategias para garantizar que el trabajo de los creadores cuyo trabajo sea “rentable” –no estrictamente en un sentido económico, sino también social o cultural– tenga continuidad y no se limite a un proyecto concreto.

    Creo que, a partir de aquí, es importante el papel de las instituciones. Ahora bien, el dinero público difícilmente estará bien empleado si no creamos mecanismos para conseguir que las instituciones administren los recursos de una manera eficiente y transparente. El dinero público no proviene de un acto caritativo; es un recurso ciudadano cuya utilización debe ser objeto de negociación y fiscalización.

    Laster arte.


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