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Crítica y arte contemporáneo


Castillos de panelería
Contexto exhibitivo y coleccionismo privado en Buenos Aires
CLAUDIO IGLESIAS
Golpeada por la onda expansiva del movimiento que tiene lugar en SanPablo, la ciudad de Buenos Aires asiste actualmente a un vivotrajín de apertura de nuevos espacios de arte. A la esperade turistas globales que sigan de largo hacia el Sur en plangira-insomne-de-arte-contemporáneo, galeristas y gestores seponen sus más lindas ropas para recibir lo que llega deBrasil. Alineados con ese vector de contagio (cuyaexplicación es más aeronáutica quecultural), recientemente coincidieron dos iniciativas quevendrían a paliar una carencia endémica deinstitucionalidad: la inauguración de laColección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat y la primeraedición de Límite Sud, muestra temporaria deveinte "project rooms" de galerías de Argentina yLatinoamérica curada por Eva Grinstein (Argentina) yJosé Roca (Colombia), acompañada por un ciclo deperformances. Con un cuidado de los términos digno de unescribano público, los organizadores hablan de una "muestrabianual", y no "bienal", dado que este concepto implicaríaalgo más que que una caja de arena separada en stands,muchos de ellos con material de trastienda, en varios casos de artistasclásicos del circuito de subastas. Algo así comola acostumbrada "bienal paralela" de las galerías de SanPablo, pero sin nada que paralelizar y, sobre todo, singuión curatorial de ningún tipo. Améndel protagonismo de las galerías, Límite Sudtampoco es una feria, pues no incluye una instancia de ventaexplícita. Ni feria ni bienal, la muestra parece unabisectriz trazada entre dos entidades que no existen, una tierra denadie semántica donde se vuelve difícil entenderpor qué se llama "project room" a un cubo depanelería en el que un galerista cuelga pinturas de losgrandes maestros argentinos.

En una ciudad sin infraestructura pública volcada al artecontemporáneo, la excitación tópicaque producen iniciativas como esta abre un interrogante sobre el roldel sector privado, sus efectos concretos sobre la escena y el modo enque se diseñan comunicacionalmente. El papel de voceros delemergente que han asumido galeristas y coleccionistas estátan repartido en Buenos Aires como en otras ciudades, peroaquí tiene la cualidad adicional de ser ficticio.

La idiosincrasia del coleccionismo argentino queda clara en el "museo"de Amalia Lacroze de Fortabat, una empresaria cuyagravitación en la política nacional es tan fuerteque ya forma parte de la cultura popular local. "Amalita" es unexponente de las familias tradicionales del país, con unacartera de inversiones ubicua (construcción, agro,ferrocarriles, inmuebles, etc.) y buena llegada a las oficinasgubernamentales y culturales. Luego de vicisitudes que incluyen unembargo por deudas hasta una serie de problemas con exencionesfiscales, la colección estrenó a mediados deoctubre su edificio, diseñado por Rafael Viñoly yubicado en el barrio de Puerto Madero, un entorno moldeado sobreterrenos ganados al río que nació en plenadesregulación de los años 90 y seconvirtió muy pronto en el paraíso en la tierrade la especulación inmobiliaria. Enmarcado por viviendas delujo y tiendas suntuarias, el museo (que contó con labendición inaugural de un sacerdote católico) esapenas una despareja colección de pintura argentina yeuropea organizada en un relato conservador y machista. La alternanciavistosa de Turner y Brueghel con un conjunto de retratos comitidos porAmalita a personalidades tan dispares como Andy Warhol y Antonio Berniencubre el carácter culturalmente regresivo de la mismaclase social que, en los aledaños del museo, invierte ensuperhoteles y grandes franquicias. A la falta de piezascontemporáneas en la colección se suma, en sucercanía, la ausencia completa de galerías dearte que puedan pagar los precios de un alquiler en Puerto Madero. EnBuenos Aires, mercado y arte contemporáneo siguendesencontrados, y sobre la base de su divorcio sería buenorepensar el rol de sustentador de tendencias asociado actualmente conel coleccionismo.
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* "A desk is a dangerous place from which to watch the world" (John LeCarré)




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