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Crítica y arte contemporáneo


No todo empezó en el 99
La exposición Irradiaciones de un legado en el Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino permite realizar un balance sobre la relación entre proyecto curatoriales e historia del arte en los museos Castagnino y MACRo.
PABLO MONTINI
En Rosario a finales de 1999 comenzaba un exitoso modelo de gestión que buscaba la modernización incorporando el “arte contemporáneo” en las reglas y los mecanismos del campo artístico local. En muy poco tiempo y a pesar de algunas escaramuzas con los sectores conservadores de la ciudad, este objetivo fue ampliamente logrado de la mano de su gestor, Fernando Farina, con un fuerte apoyo brindado tanto por la administración socialista al frente del ejecutivo municipal como por la Fundación del Museo Castagnino. De esta forma, en 2004 se inauguraba el Museo de Arte Contemporáneo de Rosario (MACRo) como subsede del Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino, destacándose por ser el primer y único museo dedicado al arte argentino contemporáneo con una amplia colección en constante crecimiento.

El trabajo de análisis, selección y ordenamiento continuo y cambiante de esta colección a lo largo de su corta historia ha permitido dotarla de identidad. El equipo curatorial del museo trabajó además en la validación de la flamante colección y procuró alentar la reconciliación entre arte nuevo y público, dos instancias disociadas hasta entonces. El primer paso dado en este sentido fue la edición de un catálogo que permitió dar cuenta de su magnitud y sentó las bases para posibles proyectos curatoriales. El segundo, fue su constante exhibición, no sólo en su propia sede y en la de su progenitor, sino también en distintos ámbitos de la ciudad para otorgarle una nueva visibilidad en la búsqueda de divulgación y aceptación.

Sin embargo, la colección del Museo Castagnino, que representa la valiosa historia del arte rosarino con una marcada identidad en el campo cultural, se ha visto opacada por la reiteración de ensayos curatoriales en donde únicamente se destacan los aspectos formales y temáticos, en una apuesta a la contemplación, siempre desligada de la información museológica necesaria. La falta de investigación y análisis histórico es notoria en el tipo de exposiciones planteadas, como Irradiaciones de un Legado con sede actual en el Museo Castagnino, en donde las piezas pierden su historicidad al ser tratadas exclusivamente como obras contemporáneas.

La colección del Museo Castagnino ha sido definida como “histórica” con cierto retraso a partir de un catálogo rico en imágenes pero débil en fundamentos debido a la ausencia de una investigación que dé cuenta precisamente de cómo y por qué tal colección se formó. Complejiza aún más este escenario, la recurrencia de exposiciones centradas en las individualidades artísticas que no logran dar cuenta de los procesos históricos, culturales y artísticos de las que formaron parte.

La responsabilidad del tal déficit no es exclusiva del museo: sólo basta saber que en la Universidad de Rosario no existe la carrera de historia del arte y las pocas pero destacadas investigaciones impulsadas en este ámbito académico no se esfuerzan por llegar a los espacios museísticos. Teniendo en cuenta esta situación –que atañe también al Macro con mayor urgencia puesto que aún debe definir el período histórico en donde comienza su colección– debería ser el Castagnino+MACRo quien se ocupe de historizar y objetivar la producción artística local y nacional, tanto para dar nuevos bríos a la gestión expositiva como para afinar su política de adquisiciones.

La tarea es más sencilla de lo que parece puesto que las prácticas curatoriales, ancladas en la historia del arte local ante la ausencia de discursos canónicos, no tendrían que oponerse y deconstruir narraciones dadas sino crearlas. Si además las ediciones curatoriales se concibieran como narraciones encargadas de formar conocimiento partiendo de preguntas propias del presente, éstas serían útiles para dar una mayor legitimidad a esta valiosa etapa de institucionalización estatal del arte contemporáneo argentino iniciada a finales del siglo XX.
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* "A desk is a dangerous place from which to watch the world" (John LeCarré)




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