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Crítica y arte contemporáneo


Sumergidos en la fuente de la juventud
Sobre el funcionamiento de la categoría de “arte emergente” en los procesos locales de legitimación artística.
ALEJANDRA PANOZZO
Como parte de una comunidad solemos manejarnos bajo ópticas consensuadas, que tratan de explicar nuestro comportamiento. Dentro del panorama argentino la palabra “emergente” establece su significado dentro del mundo del arte a fines de los ‘90 y más efusivamente desde el año 2000, comenzando a frecuentar el espectro de categorías establecidas para definir el panorama de las nuevas producciones artísticas.

El interrogante: “¿qué entendemos por arte emergente?”, que sirve para abarcar un tipo determinado de creaciones, facilita la aparición de políticas culturales y de un nuevo entramado económico dentro del mundo del arte. Pero a través de sus prácticas, lo que antes no podíamos dilucidar, comienza a mostrar fisuras cada vez más evidentes, es decir, plantear si lo producido por un artista que recién comienza es aquello que ocurre por primera vez o lo que generará un cambio, o si es simplemente lo que estaba escondido y  ahora es evidente. Se suscitan planteos tales como si la novedad es un valor en sí mismo, quién decide qué es emergente, bajo qué parámetros y cómo afecta a aquellos elegidos para desarrollar “una carrera artística”.

Dentro de esta perspectiva, la instancia de programas de becas, workshops, concursos, o situaciones expositivas eventuales pasó a ser una valiosa zona de legitimación, poniendo en evidencia cierta aspiración por mejorar el reconocimiento que se les otorga a los nuevos “jóvenes” artistas del país. Dentro de este circuito, cabe considerar el rol que en los últimos años han jugado algunas galerías, como por ejemplo Ruth Benzacar, la cual, durante el 2001, convocó a participar a artistas de entre 15 y 30 años en el concurso “Curriculum Cero: sin antecedentes, con talento”.

Así, los llamados "artistas emergentes" empezaron a ocupar un lugar específico en la escena del arte. Aquellos creadores, todavía poco conocidos por el público y que se hallan en un proceso de maduración, permanecen en la retaguardia respecto a los grandes nombres del escenario artístico, a la espera de convertirse en la próxima generación de consagrados.

La ciudad de Rosario no es ajena a esta política, y son fundamentalmente las instituciones museales las que en primera instancia involucran a estos artistas en la escena local. Ejemplo de ello fueron los cambios que generó la gestión de Fernando Farina como director del Museo Castagnino, quien planteó dentro de la programación durante el año 2003 la iniciativa de un ciclo de muestras de artistas rosarinos de escasa trayectoria, a la que llamó "Zona emergente". Propuestas similares han continuado dentro del ámbito del Museo de Arte Contemporáneo de Rosario (MACRo), instaurando de esta manera una nueva toma de posición de parte del museo, en cierta medida antagónica con las tradiciones antes vigentes.

De esta manera, se permitió que artistas jóvenes tuvieran su muestra individual en la institución artística oficial más importante de Rosario, donde antes sólo podían ingresar aquellos creadores que ya se habían reafirmado en un cierto nivel de legitimación.

Dentro de este recorrido podemos visualizar la figura de Mauro Guzmán, formado en Rosario, con una obra actual que gira alrededor de videos, y que trabajó previamente durante varios años diferentes soportes como: fotografía, objetos e instalaciones que fueron parte de salones, exposiciones y colecciones en casi todos los espacios artísticos locales. Sin lugar a dudas el momento de gloria de este artista fue cuando obtuvo el premio arteBA-Petrobras 2008, a partir de la instalación "Autocine Guzmán", que exponía dentro de esta feria de arte contemporáneo. El galardón, según sus creadores, brinda un estímulo sustantivo a la producción de artistas emergentes, y a la vez introduce la obra del artista en el mercado del arte. Guzmán señaló que "el premio es un gran espaldarazo a mi producción y un estímulo para seguir creando, pero ahora con la visibilidad y seguridad que me da este reconocimiento".

De este modo, no podremos pecar de ingenuos y creer que la visualización de los espectadores será la misma, ya que Guzmán deja de ser “joven” a partir de este hecho, y se introduce dentro de otra condición. No será ya un artista “de temporada”. De todas formas, nada más prudente sería ser cauto, ya que, en este momento, no hay nada más efímero que estar de moda.

En nuestra sociedad actual los valores dominantes son conceptos de inmediatez tales como juventud o moda. Dado que el arte en cierto modo refleja el ámbito en el cual se produce, tampoco escapa a la estimación de dichos valores, explicándose así el porqué de la actualidad del concepto de emergencia. Dicho concepto no implica necesariamente una similitud con la idea de vanguardia o novedad, ya que los artistas que entran en esta categorización lo hacen gracias a parámetros tales como su edad o los circuitos en los que producen y se mueven, dejando un poco de lado otras similitudes que los agruparían, como por ejemplo el privilegio del concepto en su producción por sobre las formas de producirlo.

Este tipo de arte y de artistas surge y es avalado por instituciones artísticas tanto privadas como públicas. Podríamos suponer que llegará el momento en que tendrá lugar una crisis en la forma de ver y juzgar este tipo de producciones y, como consecuencia, lo emergente dejará de ser un valor en sí mismo para convertirse en una característica más.
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* "A desk is a dangerous place from which to watch the world" (John LeCarré)




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