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Crítica y arte contemporáneo


Sin (mi) muñeco favorito
Sobre "Munny Intervenido" en la Galería Lucía de la Puente
EDUARDO ALCÁNTARA
No recuerdo cuál fue el primer juguete que tuve. Ha de haber sido uno realmente aburrido, ya que en las eternas retrospecciones de mi madre, figura un niño obeso que jugaba con la punta de la almohada. Aunque haciendo un poco más de esfuerzo, recuerdo haber jugado con algo parecido a un pitufo verde de plástico, con una sorna por sonrisa, y que acababa siendo una especie de Max Steel en mis ratos de recreo. Sin embargo, a pesar de la maleabilidad del color -de verde a amarillo por el uso, de amarillo a marrón por lo sucio-  mi muñeco nunca, pero nunca, se parecerá al Munny.

Cuando Paul Budnitz decidió fundar Kidrobot en el 2002, yo tenía 15 años y bastante ganas de desprenderme de mis juguetes. Para ese entonces, Budnitz, diseñador de profesión, se embarcó en la creación de dos de los muñecos más representativos de su marca,  Dunny y Munny, muñecos en 3D de vinilo de aspecto liso que se convirtieron en un boom en Japón, donde se desarrollaba el movimiento “Art Toys”. Sin imaginarlo, un movimiento que comenzó como “underground” pronto invadió las tiendas de moda vintage, desing shops, libros, revistas, galerías y museos de arte, teniendo el MoMA una de las colecciones más prestigiosas de diseño “Art Toy”, en el que participaron artistas como Murakami, Mike Shinoda y Ed Templeton. Claro, como siempre, todo tarda en llegar a Perú  y mientras yo me volvía un Papa Noel de medio tiempo regalando juguetes al por mayor, el Munny se convertía en el fetiche favorito de nerds “alternativos” y uno que otro aficionado a la cultura nipona.  

La versión chola de este proyecto se titula “Munny Intervenido”, una muestra que reúne a varios artistas locales de diferentes disciplinas,  en la galería Lucia de La Puente en Barranco. Los Munny sirvieron de lienzo para que la muestra colectiva simule ser una especie de catarsis de infancias reprimidas. Así, Haroldo Higa sorprende con su artefacto futurista invocando el rosa. Y digo sorprende porque Higa se caracteriza más por la reivindicación del pasado que es algo más recurrente en sus obras y no, necesariamente, con la percepción de Pokemón de fuego que  moderniza a su Munny. Joaquín Liébana, por su parte, presenta al Munny de manera más apocalíptica y gore del futuro de muñecos comerciales como Barbie (ojalá Kidrobot no termine siendo comprado por Mattel, con esto del monopolio y el posicionamiento del mercado, todo es posible). Alice Wagner presenta una versión más delicada del Munny, con una secuencia artística de  muñecos conduciendo autos-silueta que se repite en la mitad de las intervenciones-, diseñados con aspecto a vajilla de porcelana. Giancarlo Vitor y Jorge Gonzales aparecen con diseños de imágenes más universales: con un demonio encerrado en una caja de vidrio y un cordero skater, respectivamente, que intenta de alguna manera conservar la concepción inicial para la que fue creado el Munny. Lo mismo pasa con Sef y Pésimo, seudónimos en ese orden de Roberto Seminario y Edwin Higuchi, que rescatan su formación de graffiteros para intervenir los muñecos de manera interesante, agregándole identidades imaginarias que fluctúan entre la historia de los murales que sirven de fondo, creados también por ellos. Por último, el Munny de Diego Molina, adquiere un sentido más conceptual y lúdico ofreciendo una extraña intervención del muñeco con ojos de Homero Simpson y acompañado de una lámpara de lava.

Un punto observable, es que, visitando “Munny Intervenido” no se pierde en ningún momento la sensación de encontrarse  en una tienda de juguetes japoneses, ya que a excepción de la propuesta de Cherman (su objeto de arte se transforma en un simio con la camiseta del Deportivo Municipal), las intervenciones carecen de localismos y representaciones culturales propias, algo que si ha sucedido en versiones extranjeras basadas en el mismo concepto. Por otro lado, las propuestas de Kenji Hakama y Alonso Núñez son las más flojas y menos logradas, ya que exageran en la sencillez y simpleza de sus diseños (hubiera sido más fácil presentar a los Munny tal como se los entregaron). A grandes rasgos, “Munny Intervenido” pudo haber sido más que una versión de las tantas que existen en el mundo, algo que si logró, por ejemplo, la muestra de pop art peruano presentada el año pasado, y que se relaciona con la anterior ya que versionan de alguna manera movimientos artísticos populares en todo el mundo. Y si pues, no tiene nada de malo diseñar para vender, pero hubiera sido lo mismo poner los dichosos muñequitos en un stand de Feria de Pulgas, para no usar la solemne sala de Lucia de La Puente (sí, también aprendimos que uno de los objetivos de la galería es vender las obras de arte). A este paso, sólo me quedará conformarme con mi desaparecido pitufo verde, que será intervenido apenas lo encuentre y no habrá Munny resentido que lo soporte. He dicho.
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* "A desk is a dangerous place from which to watch the world" (John LeCarré)




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