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Crítica y arte contemporáneo


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El guardián del hielo:
Apuntes acerca de la función del crítico de arte
VANIA PORTUGAL
"El hielo empezó a derretirse
bajo mi sombra, tan desesperada
como inútil."
(José Watanabe)

Volver a la crítica, como término aislado, es como reflexionar en torno de la propia reflexión, y en torno de los límites de la reflexión.

Estos sentidos “adheridos” a ciertas palabras, partiendo de la asunción de que los mismos pueden ser rastreados en el tiempo, me permiten suponer que es en la medida que somos legatarios de una tradición, que inventamos nuevos objetos o nuevos usos a viejos objetos y recreamos significaciones  ( y en esto el arte parece un catalizador en su más vieja etimología de techné), puesto que me gusta pensar en una regeneración simbólica del mundo cada vez que una buena metáfora aparece para revitalizar nuestro lenguaje, nuestro pensamiento, y por supuesto, nuestra capacidad de sentir.

Del mismo modo, estas metáforas “inaugurales”, portadoras de una singular y poderosa visión del mundo, en la medida que encuentran su más perfecta definición, su versión última, su logro de mayor alcance, inician su costoso camino de regreso, su vejez sobre-expuesta, en medio del mismo “manoseo” que desgasta las monedas. Tal como decía Flaubert en Madame Bovary, el riesgo de tocar a los ídolos está en quedarse con el polvo de oro en las yemas de los dedos.

Cuando le pedimos al crítico la misma asepsia que pedimos al psicólogo con respecto a su paciente ¿estamos hablando de exterioridad?, y si esto es justamente lo que buscamos, ¿estamos pretendiendo que existe un punto de vista in- situado?, acaso estamos pretendiendo que existe además un estado de pureza original que defender de algún tipo de agente contaminante. Entre yo y nosotros, entre nosotros y las cosas del mundo, hay palabras y también hay mitologías.

Cuando se plantea como riesgo para el crítico (profesional, ético, “serio”), convertirse en el garante de un engranaje social, en vez de en un perturbador del sistema, quizá estemos poniendo de relieve el poder que comporta tener la llave maestra de algún conocimiento, encarnando un rol social privilegiado que parece ser el del intérprete. A veces olvidamos que esta autoridad es frágil, y que es susceptible de dejar de serlo ante un abusivo ejercicio, pues el poder proviene justamente de este quórum anónimo que apela al recurso de la crítica para compenetrarse con el arte, mucho más que el X jerarca de Y medio o Z institución.

En tal caso volver a preguntarse sobre la función del crítico es un ejercicio saludable, sobre todo luego de atisbar la responsabilidad a la cual obliga esta función socialmente asignada, este poder delimitado, cuyo radio de acción parece ser ilimitado, como el radio de acción de la palabra como símbolo, o de una nueva metáfora. En este aspecto, al igual que los sacerdotes, intérpretes de las señales de los dioses, los críticos son guardianes del misterio, y les toca ser conservadores en términos de evidenciar vinculaciones históricas, de dar materia al pasado, para permitir a su vez que este pueda ser recreado. Pero es en la medida que alguna franja insondable le escapa de las manos, que más se expresa la cosa referida y para todos. El guardián del hielo, ve acallada su voluntad ante el sol abrasador.

La posición débil del traductor de signos, es necesaria para que nos llegue la buena poesía. En la medida que más control pretenda tener el intérprete sobre el fenómeno, o más quiera poner de sus propias arcas, más se le ocultará la visión sobre este. Con su lamparita, y su modesto uniforme, podría acompañarnos para que, agradecidos, encontremos la butaca que mejor nos acomode en medio de la oscuridad, listos a ver una buena película.



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* "A desk is a dangerous place from which to watch the world" (John LeCarré)




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