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Crítica y arte contemporáneo


El casino y el cubo blanco.
En breve, el Museo de Arte de Pampulha (MAP) construirá su anexo. Finalmente, después de 110 años, la ciudad de Belo Horizonte tendrá un museo digno para su escena artística y cultural. Este es el momento de estudiar y evaluar su inserción como espacio expositivo y el diálogo con el edificio existente.
El actual edificio del MAP estaba destinado a ser un casino, es un edificio muy connotado, mientras que la nueva propuesta de anexo toma la idea de cubo blanco. Cuestión que Roberto R. Andres aprovecha para reflexionar sobre cual es el tipo de arquitectura más adecuado para el arte contemporáneo.
ROBERTO R. ANDRÉS
El edificio actual del MAP se construyó para ser un casino. Proyectado por Oscar Niemeyer en la década de 1940 fue transformado en museo en 1957 (el casino se cerró en 1946, por la prohibición de las casas de juego en Brasil). Niemeyer realizó un trabajo fino con los materiales, las soluciones plásticas y espaciales, generando una arquitectura embriagadora, que afecta al cuerpo y los sentidos. Propicia una “promenade architecturale” de manera sinestésica: el cuerpo entra en la complejidad del espacio y su aprensión se convierte en una experiencia plurisensorial. El toque fino de alabastro se suma al viento, el sonido del lago y al reflejo del ambiente en un gran espejo. El reflejo de la voz en la “boîte” se suma al suelo iluminado y a la vista panorámica del lago de Pampulha. La arquitectura asume su papel de madre de todas las artes: conjuga los sentidos en una experiencia corporal completa.

Cuando ese mismo edificio se usa para la exposición de arte, surge una lucha. “Se trata de una arquitectura insubordinada”, apunta el comisario del MAP, Marconi Drummond. La arquitectura no se resigna a ser plano de fondo para las pinturas, dibujos, esculturas, etc. No asume el lugar supuestamente neutro del cubo blanco que, para O'Doherty, “coloca la obra de arte entre comillas”. Este colocar entre comillas ha sido la manera hegemónica de exponer durante el siglo XX y puede ser visto como una ampliación de los procedimientos de la ciencia moderna, que aísla fenómenos de su contexto para verlos objetivamente. En el MAP, la obra de arte no está aislada del mundo (como las bacterias en las láminas de un microscopio), sino que debe entrar en diálogo con la arquitectura en la que se inserta. El edificio participa de la aprensión del arte, algo que tiene que ser asumido por los que exponen.

Hace algunos años, el comisariado anterior invirtió las fichas de esta relación entre arte y arquitectura. Trazó una línea curatorial enfocada a prácticas artísticas que asumiesen una relación de dialogo entre el museo y la obra instalada, presentada o expuesta (si hablamos como Buren). Las exposiciones de artistas, de Damian Ortega a Rivane Neuenschwander, se hicieron con obras construidas para esa arquitectura, surgidas del diálogo entre el artista y las especificidades del edificio. También el programa de residencias de artistas de enfocó hacia la relación con la arquitectura: los artistas residentes tenían que hacer trabajos site-specifics en el edificio.

El comisariado actual, ha propuesto la reinserción de artistas que trabajan en soportes bidimensionales y hace otra apuesta: el diálogo con el edificio será llevado a cabo por la museografía. Es el caso de las exposiciones “Binária” y “NeoVanguardias”, en 2007, año de conmemoración del cincuentenario del MAP. En ambas, los objetos expuestos eran principalmente bidimensionales (pinturas, dibujos, fotografías, etc.) y el diálogo con el edificio fue llevado a cabo por el proyecto expositivo.

Hacer una exposición en el MAP no es una tarea fácil. La arquitectura no está preparada, con todas las paredes blancas, pasiva, esperando la instalación de la exposición. Además, el edificio del Casino no tiene una reserva técnica adecuada y los espacios administrativos son pequeños. Estas parecen ser las motivaciones de la dirección del MAP para la construcción del anexo. Tener una gran galería, neutra, pasiva, flexible y silenciosa. Osea, subordinada. Una reserva técnica adecuada y confortable, además de espacios administrativos adecuados a la talla del museo.

¿El proyecto del anexo cumple estas demandas? En cuanto a los espacios administrativos, parecen estar bien dimensionados, aunque exista el recelo frente a posibles problemas de humedad por la localización del subsuelo. El espacio expositivo consta de dos galerías, una mediana de 12 por 20 metros y 7,5 metros de altura, y la otra con casi 20 por 70 metros y 4 de altura. La primera funcionará como hall de recepción y la segunda como galería. En ella, las dos únicas paredes miden 20 metros y están distanciadas por 60 metros. En la cara suroeste habrá una enorme pared de cristal enfocada hacia el edificio del Casino y el lago, pero también hacia el sol abrasador de las tardes de Belo Horizonte.

Su volumetría es simple, esquemática, más próxima a la limpieza visual de la producción reciente de Niemeyer que a la complejidad y tensión presentes en el edificio del Casino. No tendrá, ciertamente, la fineza, la elaboración y la cualidad ambiental y de materiales del primer Niemeyer. Intenta ser un plano de fondo: por dentro para las obras de arte; y por fuera, para el edificio del Casino.

Como plano de fondo interior (cubo blanco), el proyecto falla: la baja altura de la galería dificulta la exposición de grandes objetos e instalaciones; la ausencia de paredes, demandará el montaje de paneles para cada nueva exposición; y el enorme muro de cristal, tendrá que cubrirse, para exponer las obras y evitar la insolación directa el edificio tendrá que adaptarse, de nuevo, a la función para el que está destinado.

Hacer exposiciones en el MAP continuará siendo una tarea difícil. Pero, si en el edificio del Casino esta dificultad generó proposiciones artísticas y expositivas ricas, en el anexo no ocurrirá. La supuesta neutralidad del edificio (su simplicidad formal, espacial y de materiales) no instiga a diálogos ricos y proposiciones radicales como en el Casino. Entre el cubo blanco y el Casino, el anexo está a medio camino: no consigue la practicidad del primero ni la riqueza arquitectónica del segundo.

David Sperling llamó al Guggenheim de Bilbao “cubo blanco decorado”. Por dentro un cubo blanco ideal, aislando la obra de arte del mundo; por fuera, una decoración autónoma, independiente del exterior. El proyecto del anexo del MAP posee características inversas. Por fuera, tiene la imagen del cubo blanco, y, por dentro, necesita ser adaptado para funcionar como tal. Un edificio disfrazado de cubo blanco. Un “incubado” blanco: una pesadilla tardo-moderna que muestra los sueños de la arquitectura brasileña y atrasa el despertar de una propuesta contemporánea.

El autor del proyecto es Oscar Niemeyer. Con 100 años, se le encargan proyectos por los cuatro costados del país. Hay una pasión por Niemeyer entre los gobernantes, comparable al de Juscelino Kubitschek (este sí, visionario, al proponer a un joven Niemeyer el proyecto de Pampulha). Y Belo Horizonte pierde la oportunidad de tener una gran obra de arquitectura contemporánea. Como si Le Corbusier estuviese vivo en 1970 y el Centre Pompidou le hubiese sido encargado, al contrario de haber seguido un gran concurso internacional que premió el proyecto innovador de Renzo Piano y Richard Rogers. París habría perdido un edificio que marcó una época y que impulso una nueva manera de abordar la arquitectura.

Por aquí, los concursos están menos presentes que Niemeyer. Más de 60 años después de la construcción del Casino, ahora le ha sido encomendado este anexo. El arquitecto se coloca en la delicada situación de dialogar con su propia obra, tal vez, con su “opera prima”, trabajada creativamente en cada detalle por aquel joven arquitecto de antes. Diálogo, pero autista. No podría haber tarea más ingrata.
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* "A desk is a dangerous place from which to watch the world" (John LeCarré)




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