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Crítica y arte contemporáneo


¿Hasta donde transgredir es actitud política?
Relato sobre el Seminario Arte y Crimen realizado durante la segunda semana de marzo de 2008 en la Fundación Joaquin Nabuco de Recife. El encuentro es una iniciativa de artistas pernambucanos, como  Lourival Cuquinha, que poseen una actividad artística situada en el límite entre la legalidad y el crimen.
RAÍZA CAVALCANTI
Por el hecho de venir de una formación periodística, nunca me he sentido muy cómoda escribiendo en primera persona. Siempre he pensado que las posiciones escritas de manera personal prejudican el distanciamiento en la discusión y acaban corriendo un serio riesgo de transformarse en un peligroso “achismo” sin fudamento alguno. Sin embargo, tratándose del seminario Arte y Crimen acontecido en Recife del 10 al 15 de marzo, la transgresión de escribir un relato personal es válida y necesaria para dar el tono de un evento que tiene como característica la informalidad y las actitudes contestatarias. Los asuntos abordados durante el encuntro abrazan (o intentan abrazar) cuestiones como el arte en cuanto instrumento de desobediencia civil, transgresión como idología, copia y piratería (quien se beneficia y a quien es perjudicsdo en ese proceso) y en la relación, siempre polémica, entre artistas e instituciones.

Hasta ese momento, participé apenas en una de las mesas de discusión, bajo el tema de  “Arte y Crimen: Insubordinaciones en los años 60 y 70”. Por coincidencia, el seminario aconteció en una época en la que iniciaba un proceso de investigación sobre las relaciones entre arte y política en el contexto brasileño del siglo XXI. Y nadie puede entender el presente sin antes conocer el oriden del mismo. El contexto de los años 60 y 70 en Brasil, estuvo marco por artistas que, inspirados por el arte conceptual, utilizaban la ironía, la parodia y la experimentación como forma de subvertir los parámetros artísticos, políticos y sociales de un periodo marcado por una truculenta dictadura militar.

En la mesa participaba Paulo Bruscky, artista pernambucano dueño de una obra prolífica y de un, aún más extenso, archivo personal sobre arte. Bruscky, que fue integrante del grupo Fluxus (la mayor red interactiva de artistas antes de internet), es una gran referencia artística para muchos artistas contemporáneos. En la década de los 60, estuvo preso por la dictadura y su presencia era más que imprescindible en la discusión. Pero él habló poco. Presentó algunos trabajos interesantes sobre lo que significaba transgresión en aquel momento. Transgredir como actuar en contra de la dictadura y en favor de la libertad. Entonces, ser político era asumir una posición, una postura diferente dentro de una realidad tal. Ser político era simular el entierro de la censura (literalmente uno de los trabajos de Bruscky). Era intentar enviar un sobre enorme, provocando serias sospechas al respecto de su contenido y obligando a correos revisar la ley que limita el tamaño de las correspondencias. Transgredir y ser político era provocar directamente al enemigo, configurado por los militares que suprimían la libertad a los cuidadanos en todas las instancias.  

Quien no conociera el trabajo de Paulo Bruscky, ni el contexto en el que se erigía, continuaba sin desarrollar mayor conocimiento sobre el asunto. Bruscky hizo una presentación breve, de pocos trabajo, con comentarios económicos sobre cada uno de ellos. Contó algunas historias de la época, conocidas por aquellos que tuvieron la oportunidad de convivir con él. Pero yo me quedé con una tremenda sensación de insatisfacción. Aquello era poco para mi. Entonces fue cuando deposité mis esperanzas en la presentación de Cauê Alves, comisario de Sao Paulo también invitado a la mesa. Cauê Alves habia hecho su tesis doctoral sobre Hélio Oiticia, artista de Río de Janeiro también referencia en arte contemporáneo.

Hélio Oiticica, Lygia Clark, Artur Barrio, Cildo Meireles – entre otros – son todos viejos conocidos de quien tenga cierto conocimiento del arte brasileño de los años 60 y 70. Del mismo modo que hacían Paulo Bruscky y Daniel Santiago en Recife, ellos creaban en Río de Janeiro obras asrtísticas que animaban el encuentro de todos los patrones sociales. Oiticia hablaba de la condición de artista marginal y utilizaba en sus trabajos referencias a la samba y la favela, en aquella época aspectos extremadamente discriminados por el centro de la sociedad. Artur Barrio usó carne podrida enrollada en trozos de paño como forma de crítica al regimen militar. O situaba esos paños ensangrentados en terrenos baldíos, provocando una gran tensión entre la población, que imaginaba que se trataba de parte de un cuerpo, probablemente de algún preso político o de algún bandido muerto.

Cauê indagó en las diferencias entre el hecho ser marginal de los años 60 y 70, visto de manera bastante romántica (un ejemplo del slogan creado por Oiticia “Ser Marginal, Ser Héroe”) y el hecho de ser marginal en la actualidad. Para ejemplificar esas diferencias, citó un trabajo del artista de Sao Paulo, Marcelo Cidade que, parodiando a Oiticia decía “Ser Marginal, Ser Marcola”. Este trabajo, según Alves, ofrecía otra noción de ser marginal. Marcola es un traficante paolista que, a mediados de 2005, comandó desde dentro de la prisión, una acción articulada de tiroteos e incendios de autobús, coches y puestos policiales, que paralizó la ciudad de Sao Paulo. El artista afirmaba así escoger a Marcola como referencia para el ser marginal en el siglo XXI debido a su capacidad de mobilización. Para él, el marginal de hoy no es un héroe, sino más bien un antihéroe capaz de parar el ritmo de una metrópolis como Sao Paulo, que se enorgullece de ser la ciudad que nunca duerme.

La discusión se encarriló hacia la noción de que es o que supone actuar políticamente hoy. ¿Por qué Marcola es un marginal por excelencia en nuestro siglo? ¿Por qué paró la ciudad? ¿Por qué llamó la atención de todo el mundo y, actuando contra la ley, se transformó en protagonista de un espectáculo mediático? Pero, ¿que es es exactamente ese “marginal” hoy? Eso implica, de alguna manera, ¿actuar en un mundo que parece despolitizado? ¿En que medida Marcelo Cidade actuó políticamente, se posicionó en relación al contexto, a citar a Marcola como su modelo ideal de marginal? Cuando esperaba ansiosa la respuesta para todas esas cuestiones, alguién tranformó el asunto drásticamente para fumar, ir al bar, beber cerveza y no se volvió a hablar más. Y Cauê tampoco consiguió tirar de aquell pulga que insistía en permanecer detrás de mi oreja.   

Desobediencia civil, transgresión, actos ilícitos, ¿entran todas esas cuestiones en las relaciones entre arte y política en el siglo XXI? Actuar como la artista Lourival Curquinha, que propuso dividir el premio Marcantonio Vilaça con el jurado, es una manera de enfrentarse al sistema de selección de trabajos artísticos y a la ética de los seleccionados implicados. Provoca, indigna, choca de un modo más eficaz que una protesta explícita contra ciertos comosarios corruptos.
Las nociones de crítica, posición y actitud política son complejas. Para ser eficaces, precisan de funcionar inseridas al sistema, causando pequeñas fisuras dentro del mismo. Precisan pues provocar, instigar y hacer reflejar la realidad, no solo conestarla abierta y directamente. Quizás un acto explícito y obvio de desobediencia civil sea bobo, ineficaz y sin razón de ser y existir en nuestros días actuales. Espero que el Seminario de Arte y Crimen contribuya positivamente para la delimitación de este sentido de acciión política pautada desde la transgresión sutil, inteligente, excta y no para ferorzar clichés, actitudes anacrónicas de protesta e insubordinaciones livianas que algunos aún insisten en cometer.
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* "A desk is a dangerous place from which to watch the world" (John LeCarré)




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