
Entre diciembre y marzo de este año, el Museo de Arte de
Pampulha (MAP) en Belo Horizonte conmemoraba su cincuentenario. No es
poca historia para un museo de arte contemporáneo. Y para
celebrarlo organizaba la exposición
“Neovanguardas”, que mostraba las actividades de un
grupo de artistas que a finales de los años sesenta
recogieron las prácticas conceptuales que también
apuntaban por otros lares (antes incluso que el “Grup de
Treball” empezase a hacer de las suyas). Uno de los periodos
y contextos más fértiles del arte
brasileño.
Desde entonces Belo Horizonte ha mantenido un pulso en la
configuración de un panorama de arte
contemporáneo. No sólo el MAP, también
el Palazo das Artes (dedicado tanto a exposiciones, como al teatro, la
danza o el cine) centralizan la actividad institucional de la ciudad.
Sin olvidar, a pocos kilómetros de Belo Horizonte, la
fundación privada Centro de Arte Contemporaneo Inhotim, una
colección exhuberante, y no sólo por la
naturaleza que le rodea y que contrasta con el paisaje urbano de Belo
Horizonte.
En el otro extremo, Kaza Vazia es un colectivo de jóvenes
artistas que organizan eventos ocupando, literalmente, espacios de la
ciudad. Una muestra de la actividad y los deseos de hacer cosas de los
numerosos artistas que allí residen. Al fin y al cabo, la
Bolsa de Pampulha, un programa de residencias del MAP, acoge cada
año a diez jóvenes artistas. Y ya van por la
tercera edición: treinta artistas en tres años.