Sobre Efrén Álvarezy Mireia C. Saladrigues en la
galería Àngels Barcelona
DAVID G. TORRES

De momento el nuevo proyecto de la galería dels
Àngels, Àngels Barcelona, parece no
sólo lleno de buenas intenciones, sino de aciertos en la
programación. Después de exponer a dos figuras
consolidadas, Pep Agut y Harun Farocki, le toca el turno a dos apuestas
jóvenes (aunque ya están en la treintena o
rayando la treintena, ya se sabe de la dificultad de
emancipación por estos lares), Efren Álvarez y
Mireia C. Saladrigues. Y está bien que una
galería tome la iniciativa de exponerlos. Hace tiempo que se
detecta un cierto tapón para el paso de jóvenes
artistas a las galerías. Así quedan rondando por
santandreus y terrassas, que siendo buenas iniciativas provocan
excesivas dinámicas de dependencia institucional, de
concentración en lo proyectual y menos en la obra. Sobre
todo en un momento en el que, en el contexto internacional (o global o
sea lo que sea), el mercado vuelve a arrasar. Sólo hay que
ver el protagonismo que ha vuelto a tener ARCO y la euforia que se
respiraba por Miami Art Basel. Desatascando el tapón de la
emancipación más allá de las
dinámicas institucionales para la promoción de
jóvenes artistas (ambos han pasado por Sant Andreu,
Terrassa, la Sala d'Art Jove...) tal vez sea posible saltar ese paso
utópico que nos cierra bajo los Pirineos y sobre el Ebro.
Justamente sobre la tan llevada y traída cuestión
de la internacionalidad, del “salir fuera” y del
contexto local versus contexto global, reflexiona la propuesta de
Mireia C. Saladrigues. A partir de entrevistas a diversos
críticos, comisarios y artistas, Mireia C. Saladrigues ha
realizado un vídeo en el que tres personajes reproducen
algunos de los tópicos de esas entrevistas, en una
conversación de ficción. “Projecte
E/F” (título del vídeo) retrata una
realidad en la que reconocernos. Reconocemos todos esos
tópicos, los lugares comunes que repetimos sobre ese anhelo
de internacionalidad: que si el lastre que el franquismo nos ha dejado,
que si la falta de ayudas, que si el panorama barcelonés
está desarticulado... En fin, una imagen bastante triste y
un retrato vergonzante. Enfatizado por la puesta en escena: los tres
personajes que manejan la conversación parecen estar en un
estudio en el Raval o Poble Nou, pero el acento y la
dinámica de la conversación recuerdan
más ese tonillo, irreproducible en escrito, de la zona alta
de la ciudad.
Me quedará la duda de si el objetivo de Mireia C.
Saladrigues era utilizar el sarcasmo como fórmula para
retratar un panorama que a la vista del vídeo, insisto, se
ve bien pobre e incapaz de ponerse en marcha más
allá de discutir con un té sobre la mesa. Y esa
duda aparece básicamente por los parones que hacen en la
conversación, mirando a cámara, para explicarnos
quienes son Dora García o Alicia Frámis o que es
el Premi Miquel Casablanques de Sant Andreu. Por cierto, un premio que
parece recuperado después de unos meses en la cuerda floja.
El problema es que el vídeo se rodó en esos
días de duda y, así, se habla de Sant Andreu como
un proyecto finiquitado. Ya no lo está, y por
tanto, Mireia C. Saladrigues ha corrido el riesgo de, al
introducir ese tema, dejar el vídeo caducado ya en su
salida. Por otra parte, no queda claro si errores como decir que Dora
García vive en Rotterdam, cuando en realidad vive en
Bruselas, es intencionado o no, de si en realidad es un error de uno de
los interlocutores con los que se entrevistó para realizar
el proyecto o es simplemente mala información.
En todo caso, tampoco hay que rasgarse las vestiduras por el retrato
vergonzante que hace “Projecte E/F”. En todas
partes cuecen habas, y seguramente lo contextual de la
conversación no sólo refleja el tipo de
tópicos a los que aquí nos dedicamos con tanta
devoción, sino que son aplicables en cualquier otro
contexto, se llame Berlín, París o Lisboa. Y
así volvemos a la internacionalidad.
Más claramente ácido es el trabajo de
Efrén Álvarez. Sólo cuatro dibujos en
la entrada de la exposición (hay que destacar la
contundencia con la que están expuestos los trabajos de
ambos, uno entrando a la izquierda y la otra al fondo a la derecha, sin
más soporte y más acompañamiento que
la confianza en los trabajos). Como si de dibujos de esos que se
hacían durante las aburridas clases de la universidad (en
realidad, ese es origen de algunos de ellos), retratan la
evolución del partido comunista ruso, como afectan a la
monarquía las teorías de Adam Smith o,
más actual, las políticas de
emigración de ZP o las relaciones de Convergencia y Pujol.
Todo en caricaturas grotescas e irreverentes (la mano de ZP atraviesa
varios culos hasta romper la cabeza de un niño, mientras
otro se alimenta de los restos). Hace poco en CaixaForum
exponían la obra de William Hogarth, en la que retrataba los
excesos de su época, desentrañando una falsa
moral que recubría prostitución o alcoholismo.
Algo de esa tradición irreverente, crítica,
ácida y suelta hay en los dibujos de Efrén
Ávarez, evidentemente, en una revisión en clave
contemporánea. Se echaba en falta algo de frescura en el
panorama, algo menos de “el proyecto social en el Besos en el
que estoy trabajando” y más tener algo que decir,
algo más de gamberrada y de trabajo propio. Sobre todo si,
como en este caso, las referencias desde las que leer el trabajo y con
las que entroncarlo se superponen: desde Hogarth hasta Mark Lombardi,
pasando por Robert Crump o las tiras cómicas. Y la cosa va
más allá de la moda del dibujo de la que se habla
tanto, porque lo que se revela bajo la irreverencia, acidez y frescura
de los dibujos de Efrén Álvarez es una actitud.