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A-Desk
Crítica y arte contemporáneo


Sobre “Tricky” en la Galería Estrany - de la Mota (Barcelona)
“Trick or treat”
Fiel a su trayectoria, la galería Estrany – de la Mota rehuye un arte de fácil e inmediata respuesta, mediático y autocomplaciente, y propone, en su justa medida, una dosis de dificultad. Además de la espacialidad, el visitante descubrirá que la mirada requiere un tiempo, elemento indiscutible en la construcción de sentido de la obra.
MILENA PI
texto alternativo Dar visibilidad a lo complejo, lograr desenmascarar lo que creemos banal y evidente, y aportar una mirada siempre nueva y curiosa sobre lo inadvertido es una de las funciones del arte. Se agradece, además, si esta mirada exige un esfuerzo por parte del espectador, lo incomoda y sacude hasta sacarlo del letargo visual y de lo previsible. Es el arte en su función menos complaciente, un guiño al visitante atento. Este es el caso de “Tricky”, un proyecto que reúne siete artistas nacionales e internacionales, y que va más allá de la mera exhibición galerística para convertirse en un consistente trabajo de comisariado a cargo de Maribel López.

Parafraseando su título, la exposición nos recibe con la primera de las muchas disyuntivas que aguardan: una frase especular de Douglas Gordon “It’s not about you / It’s all about you”, un falso reflejo sólo perceptible en su segunda lectura. Así se presentan los dos ejes conceptuales que vertebran la exposición, por un lado el tema de la complicación o falsa evidencia y, por el otro, el elemento lúdico.

¿Complicación? Como destaca Montse Badia en su artículo “Second Thoughts” (A-Desk, nº 12) las obras de “Tricky” actúan a modo de puntos de fuga imprevisibles, planteando preguntas, abriendo perspectivas y desubicando constantemente a un espectador sospechoso de su propia percepción. Si el arte es una forma de conocimiento Aballí, Andersson, Monk, Ortega, Pieroth y Solakov demuestran que, pese a la ausencia de sentido último, vale la pena aventurarse. Todo ello se expone con inteligencia, trasladando la complejidad a su nivel más palpable: la ausencia de cartelas, la dispersión y alternancia de las obras, agrupadas no por autor sino por las correspondencias que entre ellas se establecen. De la misma forma, partiendo de distintos planos de significado y recursos formales, cada una de ellas pone en juego diferentes estrategias discursivas. Desde la complejidad más literal en la serie “Nature people” de Nedko Solakov, -pues hay que pegarse al cuadro para descubrir lo que se oculta al ojo-, hasta el vídeo imposible de Kirsten Pieroth en “Posting a Letter”. Sólo un pero, el quizá excesivo hermetismo de alguna pieza de Jonathan Monk, como el “An uncertain time misinterpreted”, demasiado críptica, ya que difícilmente se comparten los referentes biográficos y artísticos del autor para decodificarla.

¿Cómo conjugar entonces dificultad y juego? La paradoja no es tal si partimos del total respeto al espectador. Según el pacto narrativo, el lector acepta el modelo de realidad y las pruebas de verificación que se proponen en la novela, y abandona temporalmente las reglas que rigen su mundo. De lo contrario sería imposible hablar de ficcionalidad. En el caso de “Tricky” el visitante ha de estar dispuesto a dar ese salto al universo visual que propone la comisaria, a cuestionar lo conocido, a enfrentarse a las obras como si se tratara de acertijos. La perplejidad ante las piezas se convierte en desafío intelectual y el juego, como fenómeno cultural, en una forma de interacción. Este es el caso de la magnífica “Bookmark”, también de Kirsten Pieroth, y de la fotografía autoreferente “Antonio Ortega pretending to be taller for the London Biennial 2000”. Junto con lo lúdico aparece la ironía, como una última vuelta de tuerca que permite asomarse al fondo de las obras por detrás, después de un largo recorrido. En cualquier caso, la experiencia bien merece entretenerse.

Y así, de nuevo, "Trick or treat, smell my feet. Give me something good to eat…!" Con esta cantinela los niños llaman a las puertas y piden dulces en la noche de Halloween, amenazando con travesuras y malicias si no se salen con la suya. “Tricky”, no amenaza ni intimida, sino que reivindica con media sonrisa -además de la complicación y la necesidad de dobles lecturas- una actitud cómplice y lúdica entre espectador y obra.

Apuntes a... Tricky
IRENE POMAR
“Tricky” es un juego de reflejos que no es estable, sino que evoluciona a gran velocidad hacia la refracción, induciendo al espectador a cambiar siempre de dirección tras entrar en contacto con obras de densidades muy diversas. En medio de una red dinámica, Ignasi Aballí rescata al visitante para arrancarlo de las “casi historias” de Solakov y lo sumerge en una genealogía científica. Orden y rigor que por unos segundos brindan una claridad de cuál es su lugar exactamente, de cuál es su presente y, sobre todo, de cómo está caminando. Hay una invitación a vivir la exposición del mismo modo que Perec pasea al lector por la casa-puzzle de “La vida instrucciones de uso”; lo lejano y lo próximo conviven y reaparecen según un ritmo no escrito pero -o tal vez por eso mismo- ineludible.

Este fenómeno acompaña a la ausencia de linealidad. Aballí es en “Tricky” una lente de aumento sobre el truco. Una vuelta de tuerca más a la vieja metáfora del espejo. Una constatación de que la Identidad, el tema por excelencia, no es un monolito, ni siquiera un binomio; incluso deja de ser “el” tema para ser una forma de existir no obligatoria. Una nueva apertura a todas las obras aquí presentes relacionándolas y revalorizándolas desmitificando la noción de un yo de extremos. En “Tricky”, decidir entre ser el centro o la periferia de la vida… no ha lugar. Y, si no, que le pregunten a Douglas Gordon.

Entrevista a Maribel López:
“Mis proyectos son pequeños experimentos”
ANABEL SUERO DE GONZALEZ
Con un sólido recorrido profesional y proyectos como “Feeling strangely Fine” 04/05 y “World Painting” 05/06, sin dejar de mencionar a “Creatures”, colectivo de comisariado del que formó parte anteriormente, Maribel López nos presenta en “Tricky” el desafío ante la necesidad de descifrar componentes que, a pesar de estar unidos por una tradición conceptual, son complejos y nos impulsan a releer y repensar su contenido. Las obras, lejos de ser la melodía principal, dejan que la exposición tome su ritmo. Y yo, me dejo llevar.

En una conversación informal le pregunto:
-¿Que te planteas primero: el tema de la exposición o la selección de los artistas?
-“Primero el tema, el concepto, el titulo. En base a esto, selecciono a los artistas, que en ocasiones proponen las piezas que mejor llenen el concepto”.

Maribel López presenta su discurso con un conocimiento profundo del espacio con que juega. Le comento mi inquietud ante la distribución de las piezas:
-¿Cuál ha sido tu criterio al momento de colocar las obras en esta primera sala?
-“La primera sala recoge obra de Jonathan Monk y las fotos de Nedko Solakov, colocadas en paredes contrarias en una especie de diálogo. Una fotografía de la performance de Antonio Ortega para el London Bienal 2000, una serie de “Índex” de Aballí y las historias “heroicas”de Nedko Solakov, ocupan espacios que responden a una necesidad mas bien práctica pero de una lógica muy natural. Es una presentación un tanto desprejuiciada, es un tema de actitud…que aunque no es nada nuevo, conlleva una cierta experimentación”.

Cuestionándome las obras en la segunda sala, le pregunto:
-¿Este espacio fue más difícil?
- “Sí. Esta sala es más contenida y dura a primera vista pero la fuerza de las obras pasa del mismo modo por su contención y su riqueza”.

En esta sala me siento gratificada con la obra de Kirsten Pieroth. Situaciones imposibles…pero con finales felices. Mi conversación con Maribel continua. Le pregunto:
-¿Cuál será tu dirección como comisaria?
-“Es simplemente una parte de mi trabajo que me interesa mucho pero a la que no me dedico exclusivamente”.
-¿Estas satisfecha con este proyecto?
-“Sí, de los tres proyectos que he presentado en Estrany – de la Mota, creo que “Tricky” es el que mejor y el que de manera mas valiente he articulado”.
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* "A desk is a dangerous place from which to watch the world" (John LeCarré)




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