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Crítica y arte contemporáneo


Sobre "Janet Cardiff - George Bures Miller. The Killing Machine i altres històries" en el MACBA (Barcelona)
Otras historias
ESTER RAMOS y XAVIER ACARÍN
El trabajo de los canadienses Janet Cardiff y Georges Bures Miller, que actualmente se muestra en el Macba, se presenta como una puerta al cuestionamiento de nuestra práctica sensible como individuo-espectador. Diez instalaciones que pretenden cautivar y atrapar al espectador en un juego realidad/ficción que los artistas explotan moviéndose entre estancias habitadas por misteriosos personajes, inmersiones sonoras y una clara intención evocadora, que buscan fundir al visitante en el espacio e involucrarlo.

The Killing Machine (2007), pieza producida especialmente para esta exposición, es una estructura robotizada en donde cada sesión, accionada por el visitante, debería ser presenciada como el paso a la muerte. Esta performance mecanizada abre la puerta a una lectura sociopolítica de la obra en cuanto reformulación del Thanatron del Doctor Kevorkian, famoso por “asistir” a sus “pacientes” en el suicidio asistido o la eutanasia, aunque ese enfrentarse a un miedo natural como es la muerte implica ya de por sí una fascinación.

El trabajo escenográfico en The Dark Pool (1995) o en Opera for a Small Room (2005) situa al espectador en el núcleo de una narración que empieza en las piezas y continúa en él y en lo que su propio background sensorial sea capaz de aportar a través de un cúmulo de objetos y sonidos, restos de un pasado indefinido.

En obras como Playhouse (1997) o The Paradise Institute (2001) buscan incluir al visitante en un ambiente envolvente, donde sonido y voz marcan el tiempo de visita.

The Paradise Institute estuvo ideado para el pabellón canadiense de la Bienal de Venecia del 2001, precedido por una estructura de madera que quería alejarse del espacio expositivo y llevar al visitante al interior de la pieza y de esta a los jardines; su emplazamiento ahora en el Macba hace olvidar esa pretensión y la convierte en una estructura independiente dentro de la pulcritud de la sala.

Las restricciones en el número de personas, que hace imprescindible la espera es algo intenciodo que atiende a las mismas directrices de la obra de Cardiff y Miller, si podemos estar dos horas en el cine, ¿por qué no estarlo también en una exposición?

Mixed Media sobre espectador
JOAN PRIEGO
A lo largo de la historia del arte contemporáneo ha sido constante la reivindicación de la figura del público como garante último del sentido de la obra. Para Cardiff y Bures el público ocupa un lugar de privilegio en la intersección de su peculiar y heterogénea mezcla de géneros artísticos.

Cine, serial radiofónico, atrezzo, escenografia, teatro, performance, video, instalación y escultura convergen sobre el espectador. Éste se convierte en materia prima y soporte principal de la obra, completando y distribuyendo el sentido de los distintos medios utilizados, hasta tal punto que la obra de Cardiff y Bures es un "mixed media sobre espectador."

Artefacto, acontecimiento y experiencia
La propuesta de Cardiff y Miller nos recuerda que andar por el mundo no es un andar silencioso sino acompasado, lleno de roces y fricciones que en este contacto entre los cuerpos produce susurros, pasos, ecos, registros sonoros de una existencia que no puede ser escindida y puramente visual, mucho menos silente.
NIZAIÁ CASSIAN YDE
texto alternativo En la historia de las sociedades occidentales y particularmente con el desarrollo industrial y científico de la modernidad, la vista se ha considerado el sentido más noble y confiable, aquel que frente a los otros sentidos es capaz de discriminar para traer a la luz. Ni qué decir de la imagen: congelar y enmarcar aquello que el ojo percibe es dar prueba de lo real. Así, retratar o filmar algo ha sido dentro del arte, las ciencias y hoy en día casi para cualquiera, parte de un acto que deja constancia del acontecimiento dotándolo de valor y verdad. Sólo quien tiene una imagen, existe.

Ante esto la propuesta de Cardiff y Miller nos recuerda que andar por el mundo no es un andar silencioso sino acompasado, lleno de roces y fricciones que en este contacto entre los cuerpos produce susurros, pasos, ecos, registros sonoros de una existencia que no puede ser escindida y puramente visual, mucho menos silente. Nos han dicho que éste es un mundo de imágenes pero han olvidado decir que es también un mundo de sonidos y voces. Paseo y recorrido demuestran que es imposible ser asonoro, de ahí aquellos “Walks” en los que Cardiff a través de su propia voz y otros sonidos guía al visitante por lugares e historias mientras escucha sus instrucciones en auriculares. Al confrontar y confundir aquello que la imagen pretende decir, Cardiff y Miller evidencian que el sonido desde su poder de relación con los otros sentidos construye espacio, narración y por tanto vivencia.

Tres elementos son fundamentales en su propuesta: artefacto, acontecimiento y experiencia. Es clara la fascinación de estos artistas tanto por los objetos (evidente en The Dark Pool, 1995) como por los artefactos. El arte-facto es la máquina, el aparato, la obra mecánica hecha según arte, si vamos a su definición literal. De la obra de Cardiff y Miller puede criticarse su deliberado énfasis en la provocación de acontecimientos que a través del despliegue tecnológico de estos artefactos sorprenden al visitante casi tanto y por los mismos motivos que los juegos y máquinas en un parque de atracciones. Pero lo cierto es que preguntar si está bien o mal que la exposición sea efectista, no sólo es un cuestionamiento casi purista y moral, sino caduco.

La modernidad, con su afán de tecnología, progreso y asepsia ha negado la presencia de los sentidos, particularmente de aquellos que no es posible dominar. La vista, ya lo ha dicho Foucault, es signo de control, vigilancia y ordenamiento de los cuerpos; otros sentidos como el olfato o el tacto son aquellos a los que hay que subordinar. En la obra de Cardiff y Miller encontramos un intento por recrear experiencias sensoriales ya de evocación, ya de creación de vivencia que pautadas por el sonido, van trayendo consigo la presencia de los otros sentidos.

Posiblemente triste, pero real, es que el hombre actual demanda eventos y artefactos que le provoquen experiencia, complejamente sensorial y artificiosa, tal vez demasiado artificiosa en este caso. La vuelta a los sentidos como evento recuerda la realidad contemporánea narrada como una sucesión de instantes o simultaneidad de momentos. Si la pieza de arte no es un objeto sagrado, sino un artefacto contenido y posible gracias a la tecnología, entonces el artista ya no es el místico, sino el artificioso (más cercano al técnico) que corre detrás del acontecimiento para seducirnos con un instante de curiosidad, deslumbramiento y experiencia.
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* "A desk is a dangerous place from which to watch the world" (John LeCarré)




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