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Nº8 02 10 06
30 04 17
A partir de “Hem pres la radio” (CASM, Barcelona), y “Sonía” (Macba, Barcelona)

La radio y la exposición
MARTÍ MANEN
El sector del arte contemporáneo busca una conexión más efectiva con sus posibles usuarios. No se trata únicamente de una justificación de cara a los poderes públicos con el objetivo de asegurar una financiación de los proyectos, sino que nos encontramos frente a un debate real sobre la función (y qué significa “función”) del sector artístico y sus instituciones.

El sector artístico investiga sistemas de comunicación directa, alternativas a un modelo de exposición que se pone en entredicho, y, bajo esta dinámica, se aproxima a otros campos, contextos y escenas. Si hemos visto intentos (algunos exitosos, algunos fallidos) de incorporación de las dinámicas provinentes de sectores musicales, si hemos observado un debate por las posibilidades de la educación, si hemos vivido el salto a la política de acción directa, nos encontramos también ahora con un renovado interés por la radio como plataforma de contacto.

En la crisis de contacto de la exposición, la radio se convierte en una de las vías de escape por su simplicidad y posible conexión con el usuario.

Es sintomático que el interés por la radio aparezca después de los nuevos formatos radiofónicos aparecidos en la red. La radio es un sistema de comunicación masivo clásico, con un carácter emotivo elevado, donde las figuras del productor y el receptor son perfectamente definidas. La producción radiofónica no exige los gastos de, por ejemplo, la televisión, y su emisión resulta bastante simple y efectiva. Tenemos una gran tradición de radios independientes, de entusiastas que deciden realizar sus programas  para posibles audiencias invisibles. Apuntar también, que en la radio on-line la figura del productor se multiplica, y fácilmente el usuario será también productor.

El interés por la radio, y su conjunción con la exposición, ha vivido distintos capítulos y momentos. Uno de los recientes y más interesantes se encontraría en Radio Days, proyecto expositivo presentado en De Appel, donde el espacio de exposición se convertía en un “emisor” radiofónico -una emisora de radio temporal- y en un sitio para la escucha de la creación en tiempo presente. La exposición, aún física y visual, se ofrecía a oyentes individuales. El espacio expositivo se llenaba de actividades que eran lo que definían la exposición en sí. Sin actividad no había nada; sin tiempo y audio el entorno escenográfico caía por su propio peso. El carácter emotivo del directo radiofónico se hacía visible a través de su ubicación en la exposición tradicional.

La exposición se replantea y se pone en crisis, y la radio se vislumbra como uno de los espacios a ocupar en esta búsqueda por un contacto directo. La radio como espacio expositivo nace primero en sectores independientes, nace desde la propia radio mediante sus capacidades de experimentación. Será después cuando las instituciones artísticas descubran las posibilidades de la comunicación auditiva. Las propuestas de experimentación aparecen en las emisoras independientes, en las radios secundarias de carácter público en Europa, en las emisoras universitarias en Estados Unidos, en proyectos colaborativos como el caso de la londinense Ressonance FM.

En esta situación, las instituciones entenderán que el formato existe, y que puede facilitar distintas tareas. WPS1, la radio del PS1 y el Moma, se convertirá en espacio perfecto para librar al museo de la presentación de obras de carácter sonoro. El Moma cumplirá así su función de divulgación y investigación, creando espacios para la experimentación, sin perder un ápice del valor comercial que necesitan sus salas, pensadas para atraer a un público masivo que gaste su capital en las tiendas y cafeterías del museo. Lo sonoro queda cubierto en el “espacio” sónico, pero se dificultan así posibles diálogos entre distintos formatos artísticos, y se niega a la exposición física la opción de otras temporalidades.

En este momento, dos propuestas vinculadas a la  radio, y promovidas por dos instituciones artísticas de Barcelona, se encuentran en emisión. Por un lado, el CASM programa el proyecto comisariado por Jorge Luís Marzo “Hem pres la ràdio” (Hemos tomado la Radio). Por el otro lado, el Macba ofrece desde su web su herramienta de comunicación sonora “Sonía”.

“Hem pres la ràdio” y “Sonía” son ejemplos de cómo las instituciones artísticas investigan posibilidades de contacto con el usuario para realizar su función crítica.

“Hem pres la ràdio” propone ocupar emisoras de radio con proyectos sonoros programados  desde una mentalidad artística. Jorge Luís Marzo expresa la necesidad de buscar un contacto con un usuario normal, aquél que no se acerca al museo pero sí que escucha la radio o mira la televisión. De algún modo, se trata de recuperar el valor –y la posibilidad- cultural de la radio, que también sufre un proceso de comercialización. Una institución como el CASM legitima el proyecto, así que las emisoras no deben “sufrir” por la calidad del producto ofrecido. El “producto”, en este caso, se divide en distintas producciones: un artista realizando un proyecto específico pensado para ser presentado en “Hem pres la ràdio” y focalizado en Barcelona (Guillermo Trujillano); otro artista que habitualmente trabaja en propuestas radiofónicas buscando una participación popular y preguntándose por temas propios de la comunicación (Taniel Morales); una plataforma de radio de carácter feminista que ya emite previamente al tamíz artístico y que ahora conecta con un posible número de oyentes mayor (Radio Paca); y un colectivo que trabaja proactivamente para entender el arte como una plataforma educativa realizando un proyecto desde el que pensar de nuevo en la relación arte-radio (experimentem amb l’art).

Las distintas propuestas dentro de “Hem pres la ràdio” funcionan independientemente. No siguen un formato predefinido por el propio proyecto, aunque sí que se enmarcan en los modos de hacer de la radio y sus posibilidades. Destacamos las propuestas de Guillermo Trujillano y Radio Paca por distintos motivos. Trujillano realiza un inteligente culebrón radiofónico utilizando las tácticas de las revistas de tendencias: si sabes de lo que se habla, y reconoces a los  protagonistas, formas parte de la comunidad, y si no es así, entiendes que hay algo allí que puede ser interesante. La historia es simple, inteligente y divertida. Un desesperado Antoni Abad ha visto como no le daban una beca y su precaria situación llevará a hacer visible el poder de las supuestas mafias que controlan el sector artístico de la ciudad. Con un tono humorístico, Trujillano devuelve un formato clásico (la radionovela) a su creador original (la radio), sin la voluntad de ofrecer un producto de alta cultura. La producción, en distintos capítulos, utiliza todos los tics del contacto radiofónico, llevándolos hasta la exageración metareferencial con un narrador surrealista.

La incorporación de Radio Paca en “Hem pres la ràdio” propicia otros elementos de reflexión. Radio Paca no se plantea como un proyecto artístico, pero será a través de los canales institucionales propios del arte que una propuesta de estas características se ofrecerá al “gran público”. Radio Paca es en sí una radio independiente, es una plataforma para ofrecer otros puntos de vista frente a la hegemonía machista de los media y la propia sociedad. No será lo mismo emitir los contenidos de Radio Paca para su audiencia original (ya convencida de antemano) que emitirlos a través de radios que tienen una audiencia diversa. La ocupación de la radio sirve entonces para ofrecer un mensaje, volviendo a la voluntad original de la comunicación más allá del entretenimiento habitual. El mensaje, de carga política, encuentra una distribución mayor. El arte contemporáneo se convierte entonces en este catalizador de contenidos, abriendo posibilidades de conexión donde parecía imposible su existencia. Encontramos entonces una voluntad real de comunicación, una confianza en el medio y sus posibilidades.

Paralelamente, encontramos proyectos en “Hem pres la ràdio” que analizan críticamente los medios. Taniel Morales o el proyecto realizado bajo Experimentem amb l’art nos proponen una lectura crítica de las posibilidades de recepción, de los códigos ya definidos, sean en la radio o en el contexto artístico. Vemos pues la dicotomía propia de la creación contemporánea; la necesidad para comunicar unos contenidos, pero al mismo tiempo un replanteamiento de los sistemas de contacto.

Si en “Hem pres la ràdio” vemos el interés por recuperar un espacio de comunicación tradicional, “Sonía” ha sido planteado como un emisor vinculado a las estrategias y funcionamientos de la red.  “Sonía”, programa de características radiofónicas de la Radio Web Macba, es un proyecto de comunicación sonora que parte de otro paradigma. Para empezar, no se ocupan otras radios, sino que desde la web del museo se ofrecen contenidos adicionales a los propios de la institución. Los contenidos en audio se organizan mediante palabras clave, siguiendo los parámetros marcados por las herramientas de la discutida web2.0. Los usuarios, ahora particularizados, deciden escuchar los distintos programas (de corta duración) segun sus intereses personales. Los programas se presentan como una base de datos abierta con la que interactuar.

El formato de “Sonía” se aleja de las mediaciones de la radio tradicional, ofreciéndose como un elemento donde se mezclan indiscriminadamente entrevistas con agentes culturales así como propuestas sonoras artísticas. De algun modo, “Sonía” se convierte en otro espacio expositivo del museo, donde la información y la creación forman algo orgánico. Evidentemente, “Sonía” plantea un usuario activo, que busca otras vías y otras informaciones a partir de lo que se plantea en el Macba. Se trata de una herramienta de proximidad que ofrece nuevas posibilidades temporales para la propia institución. En su primera etapa, “Sonía”  ha generado contenidos un par de veces por semana, llevando al propio museo a ser altamente activo y a releer su propia programación. “Sonía” se ofrece como una herramienta crítica para un público de proximidad y abre el discurso del museo a sus interlocutores. De algún modo, el ejercicio de lectura que supone “Sonía” obliga a los usuarios del museo a estar al nivel, ya que las fuentes de información y comunicación son presentes.

Siguiendo con los parámetros de la red, vemos como las instituciones mezclan los formatos así como las areas de trabajo. Lo que era información se convierte también en presentación, las salas de exposiciones se ven acompañadas por tiempos de escucha, el contacto con el usuario se multiplica (pasando de la opción a visitar una exposición nueva cada dos meses a ofrecer actividades y aproximaciones casi a diario). Las propuestas artísticas, críticas o de creación de sentido crítico se entretejen con la función de facilitar la realización de preguntas complejas. Resulta lógico entonces, el cambio desde las instituciones, convirténdose en elementos activos en esta búsqueda por una función crítica real.



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